OLVIDÓSEME DECIR – DÍA 3: DE REGALOS, SILENCIOS Y TÍTULOS CERVANTINOS

Diario:

No doy abasto en escribir todas las cosas que van pasando aquí porque las horas son intensísimas y yo no quiero perder detalle, así que al final se me acaba cansando la mano de juntar palabras y me voy dejando temas. Lo más importante que tengo que contar hoy es que ayer Alba me regaló un diario muy bonito. Yo, como soy medio subnormal, no supe qué decirle y me quedé ahí plantado, sin palabras, y con cara de gilipollas. Estos tíos ya me van conociendo y no sólo no le dieron importancia, sino que valoraron que el regalo de Alba me hubiera dejado catatónico y lo interpretaron como una forma de gratitud muy sentida. Menos mal que estos chavales tienen un poco de sensibilidad. En el barrio me habrían estado llamando mudo de mierda tres meses y me harían bromas del estilo “David teme el día que venga Papá Noel porque luego se pega tres semanas sin hablar”. En el barrio son unos cabrones y les gusta hacer sangre de todo. Yo también me apunto e invento chistes y me meto con la gente, pero cuando a uno le toca recibir hace menos gracia, claro.

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Bueno, la cuestión es que cuando Alba me regaló el diario me dijo que me lo regalaba para que escribiera en él todo lo que hacíamos estos días. Cuando recuperé el habla le dije que ya había empezado uno en Sants y poco a poco nos fuimos liando a hablar de los diarios y no sé quién dijo que, ya que yo había empezado a escribir diarios en el Summercamp del año pasado, este año podríamos escribir uno entre todos y mandárselo a los profes que tuvimos, para contarles un poco cómo nos había ido este año, y que vieran que nos habíamos hecho amigos y nos habíamos ido juntos de vacaciones. Total, que nos acercamos a un supermercado que tienen aquí en el que venden de todo y compramos un bloc para poder escribir a Nerea y Guillermo. Pues hala, así estuvimos toda la mañana, pensando cómo lo íbamos a hacer. La cosa es que queríamos escribir lo que nos iba pasando estos días en casa de Alba, pero también queríamos contarles algunas historias pasadas de cómo habíamos ido quedando y todo eso. Sergio empezó con sus rollos literarios y nos contó que, en el Quijote, Cervantes es muy desordenado escribiendo, así que cuando se da cuenta que se ha dejado algo importante para la narración escribe “olvidóseme decir”, o sea, “se me olvidó decir” y entonces cuenta lo que necesita para que se entienda la historia. La verdad es que imaginarse a Cervantes, que como escritor debió ser la polla, haciendo eso tiene bastante gracia. Total, que como estábamos todos encanados de risa le hemos dicho a Sergio que sí, que lo podíamos hacer así. Vamos contando lo que hacemos estos días y, de vez en cuando, interrumpimos la narración y ponemos “olvidóseme decir” y les contamos algo que nos pasó a lo largo de este año. Ya hemos empezado a escribir y las niñas se han currado el título en la primera página del bloc. Pone “OLVIDÓSEME DECIR. Diario de verano y de una amistad” y abajo pone todos nuestros nombres. Yo he escrito lo del brunch y Carla ha escrito cosas de su viaje en autobús viendo los pueblos de Catalunya. Sergio ha estado explicando el porqué del título y Alba ha contado cómo había preparado esta semana con nosotros. Se ve que la tía ha ido a comprar muchas cosas, porque no sé qué día quiere hacer una fiesta. Mientras ella escribía yo he estado jugando a palas con Carla, así que tampoco me he enterado mucho. Ya lo leeré.

El tema del “olvidóseme decir” me ha gustado tanto y me ha parecido tan acertado que lo voy a usar también para mí diario. Al fin y al cabo, yo también he tenido que empezar el mío contando todo lo que me ha pasado desde que acabé el cole, así que por qué no. El problema es que ya he hecho la catetada del día. Sergio ha dicho que Cervantes decía “olvidóseme decir” y, no sé por qué, cuando lo he ido a escribir en mayúsculas en la primera página de mi diario he escrito “olvidó decíseme”. Cuando me he dado cuenta me ha salido un “¡mierda!” muy rotundo, muy fuerte, y Sergio, que estaba en la habitación conmigo, me ha preguntado qué pasaba. Se ha reído de mí, claro, aunque a mí no me ha hecho ninguna gracia. Me ha dicho que no me preocupe, que podía poner Típex, aunque me iba a quedar cutre. ¡Pues claro que va a quedar cutre, atontao! Total, que lo he dejado así. También es importante tener los errores a la vista. Así uno no se olvida de lo gilipollas que es. A mí los errores se me suelen olvidar (suelen olvidárseme, ahora lo escribo correctamente para demostrarme que también soy capaz de hacerlo bien, qué coño) y al final acabo tropezando varias veces con la misma piedra. Es la factura de quedarse sólo con lo bueno. La vida es una cosa complicada, y bastante dura a veces. Espero que con los años cambie y vaya aprendiendo a hacerlo mejor.

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En fin, que con la tontería todavía no he contado a qué nos dedicamos aquí, en la casa de Alba, y al final no voy a tener nada escrito para recordar estas vacaciones. La vida aquí es tranquila. Muy tranquila. Nos levantamos sobre las 9. Nos despierta su padre. Normalmente nos pone música, o la radio, que es una cosa cantidad de molona. A mí no me lo habían hecho nunca, pero la verdad es que te levantas con otro cuerpo si te despiertas con una musiquita guapa y no con la voz de tu madre o con la alarma del móvil, que no da ni asco. Bueno, que me lío: nos levantamos a las nueve y después de desfilar por el baño bajamos a desayunar. Los padres de Alba se lo curran muchísimo y siempre hay cruasanes y pan tostado y embutido y hasta atún y bacon. Tampoco faltan fruta y yogures. Desayunamos en el porche, a la sombra de un toldo, y con la música o la radio de fondo. Es como un hotel. O mejor, mejor que un hotel. Estos días hemos estado echando la mañana en la piscina y por la tarde vamos a la playa, aunque supongo que acabaremos yendo a la playa también por la mañana. Hacemos un poco de todo: jugamos a la pelota, a palas, Sergio lee… en fin. Vida de vacaciones.

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Yo con la que más juego es con Carla. Es que con esta tía se puede jugar porque es una burra igual que yo: saltamos las olas, nos rebozamos de tierra, nos hacemos ahogadillas. A mí me gusta mucho jugar a palas y Carla es muy buena y duramos un montón sin que se nos caiga. Sergio no tiene ningún interés en darle a la pelota y Alba le pone mucho interés, pero no da ni una y me toca ir a por la bola cada dos por tres. A veces nos toca jugar a los cuatro juntos, porque las niñas se empeñan, pero no me jodas, lo mejor es cuando puedo jugar con Carla porque ella se pica tanto como yo por ganar y entonces es cuando disfrutas. Cuando no estoy en el agua pasamos mucho rato hablando y Alba me pone música. Dice que me va a hacer una lista de reproducción con todas las canciones nuevas que me va enseñando. También la engaño un poco y le pido que me haga cosas en los brazos y la tía se lo curra y me da masajillos con las puntas de los dedos, así que en la playa también me puedo quedar tranquilo un rato. También jugamos a cartas, sobre todo al Uno. Su padre tiene dados de póker en casa y les he enseñado a jugar al Kiriki. Les ha gustado mucho, para que tú veas. La otra noche la pasamos entera con ese juego.

Volver a dormir con Sergio no está mal: él lee y yo me dedico a escribir aquí, aunque después hablamos un poco. Él también ha estado trabajando este verano y también ha tenido que hacer inventario. Yo pensaba que como él es de naturaleza más calmada lo de sentarse a contar y comprobar stocks lo llevaría mejor, pero qué va, dice que también le parece una full. ¡No me extraña! Es que hacer inventario es peor que una patada en la espinilla, las cosas como son. Hoy no he hablado con la vieja. Supongo que mañana me llamará ella o le escribiré yo. Que no hablemos cada día cuando estoy fuera de casa es una señal de que ya me ve con otros ojos. Supongo que para ella era importante que me pusiera a trabajar, aunque fuera por enchufe de Juan. Al final, todos tenemos nuestra manera de entender la vida y la de la vieja debe de ser esa: uno no es adulto hasta que no curra. Yo no tengo ni idea de qué entienden estos por hacerse mayor, pero seguro que no tiene nada que ver con ponerse a trabajar, porque ya nos vamos dando cuenta de que tener un trabajo va a estar cantidad de jodido. A mí en el cole me lo repiten cada dos por tres: que ya nos podemos poner las pilas porque la cosa está cantidad de mal, aunque también nos dicen que tenemos que ser optimistas y formarnos bien para cambiar la situación y ponernos a inventar los trabajos del futuro. Yo no sé si me tengo que preocupar mucho o qué porque yo creo que taxis siempre van a hacer falta y que con eso me puedo ganar bien la vida, pero bueno, que sí, que hay que ponerse las pilas. En fin, mañana más cosas. Ahora toca apagar la luz y ponerse a dormir.

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