ESTO NO ES UN TRATADO DE BICICLETOLOGÍA

Tengo un amigo que un día ganará el Premio Nacional de Narrativa. No le queda mucho, solo publicar tres o cuatro novelas, empezar a escribir en la prensa para hacerse conocido o mediático, y quizá, y esto puede ser –en caso de necesitarlo– lo más complicado, que el país cambie un poco más de lo que está cambiando. En el fondo, y aunque parezca mucho, son minucias. Lo más difícil, que es el talento, ya lo tiene. Y no es solo que lo tenga, sino que además lo demuestra compartiendo con un grupo de lectores sus ejercicios a través de un blog. En su última entrada, “Un ateo en la JMJ” (3), tercera de una serie sobre la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Cracovia este año, que puede leerse aquí, mi amigo hace tres cosas: la primera es una reflexión sobre el ateísmo y el (falso) libre albedrío a la hora de escoger las creencias, integrado en esto, recorre su experiencia personal de relación con la religión a través de sus circunstancias familiares, en el sí de una familia con una actitud podríamos decir aséptica frente a esta cuestión, la religiosa. Lo que me llama más la atención y me lleva a escribir este texto es la tercera de las cuestiones de su artículo: una sustitución de los valores y símbolos cristianos por la natural visión de los mismos, es decir, hay una identificación de los conceptos teológicos con los conceptos materiales, humanos, que de ellos se desprenden. Así, la clase de religión enseña a rezar, la ceremonia de la Eucaristía consiste en la ingesta de pan ácimo y la Comunión, la Primera Comunión, se basa en recibir regalos.

No es que yo critique, Dios me libre, esta sustitución; todo lo contrario. Creo que mi amigo pone de manifiesto, con una naturalidad pasmosa, cómo lo espiritual y litúrgico se ha ido diluyendo en la conciencia colectiva. Y, si no, que alguien diga ahora mismo, sin consultar la Wikipedia, qué se celebra en la Primera Comunión. Estas cuestiones me llevan a establecer una analogía entre la Primera Comunión y el inicio de la vida adulta. Mi amigo recibió las prebendas típicas del acto sin tener que haber pasado por las clases de catecismo y sin tenerse que haber vestido de marinerito. Así, sigo yo, el inicio de la vida adulta, no reside en la recepción solemne de la Eucaristía, sino en la posesión de nuevos objetos que inauguran la adultez: la bicicleta y el reloj digital, que apuntaban mi amigo y los que yo añado: las llaves de la casa familiar, el traje con corbata y zapatos de vestir… Pero para mí, que sin ser creyente ni practicante, pasé no sólo por la Primera Comunión y la misa semanal (semanal, sí; todo acaba diluyéndose) en el colegio de monjas, sino que llegué hasta confirmarme, me parece un poco injusto que mi amigo se estrenara en la vida adulta con su reloj y su bicicleta sin haberse tenido que aprender de memoria aquello de Juan 6, 51 de “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo”.

mountain bike

A mí me regalaron la primera mountain bike, la primera bici de verdad, sin ruedines, cuando hice la Primera Comunión. Todo el mundo sabía, por aquel entonces, que era necesario albergar el cuerpo de Cristo dentro de uno mismo para no caerse hacia los lados. Dios sustituía así a los ruedines, ejemplo, entre otras cosas, de una mácula todavía existente pese al bautismo. Entregarse a Cristo, ser su casa, y viceversa, era la puerta de entrada a la vida adulta: el reloj digital, la mountain bike, tener las llaves de tu casa, haberse vestido de traje, con náuticos y corbata… Y así se pasan los años, la edad del pavo, debatiéndose, como él, entre la certeza de Su existencia, que es un debate, también, sobre la existencia del yo, de uno mismo, porque Dios existe en ti y tú en él (otra vez la reciprocidad de la casa), por lo que dudar de él es también dudar de ti. Pasada la edad del pavo, desvencijada la bicicleta adulta, finiquitado el debate de Su existencia, uno se arroja al mayor placer que puede experimentar el cristiano medio: el pecado de la carne. Tu cuerpo sobre un cuerpo y al contrario, ser albergado por otro (o al revés), ser comido y comer, esta vez a otro ser menos divino, y saberse impuro, humano y existente. Una comunión, diaria ahora, una transustanciación de lo intangible que se manifiesta clara y evidente sin ritual ni pompa: la culpa, soportada durante siglos, de ser humano.

reloj digital

Queda claro, por tanto, que la entrada a la vida adulta no es, en ningún caso, la comunión, sino la tenencia de unos objetos (el reloj digital, la bicicleta…), que sirven para una especie de empoderamiento personal. Uno no es adulto en el momento de recibir una bicicleta, pero la bicicleta sí es la posibilidad de una vida adulta, como lo es un reloj digital; que no es más que el objeto que nos permite controlar el tiempo, no solo por el hecho de saber qué hora es, sino porque estos relojes incluyen cronómetro, cuenta atrás, etc… es decir, nos permite medir el tiempo como no lo habíamos hecho antes. Pero hay más objetos que el artículo de mi amigo hace que aparezcan en mi mente: el primer traje, los primero zapatos de vestir, las llaves de la casa paterna, y aún hay más: la pluma con las iniciales de uno, el diario, en blanco, con tu nombre… Todo lo material que recibimos al realizar nuestra Primera Comunión tiene como fin último una sola cosa: el desarrollo de la conciencia de nosotros como individuos completos. Antes, claro, estamos incompletos, porque estábamos fuera de Cristo (y a la inversa).

El desarrollo de este debate con mi amigo le llevó a decirme que podría desarrollar un tratado sobre las bicicletas (o Tratado de bicicletología, como él se empeñó en llamarlo). No tengo, de momento, ningún interés en hacerlo, pero sí en traer a colación a Francisco Umbral, por dos motivos: el primero es que cuando hablo con mi amigo siempre acaban saliendo referencias bibliográficas –para algo fuimos compañeros de facultad en la carrera de Humanidades–; del otro, porque me es imposible hablar de bicicletas y vida adulta y no acordarme de Las ninfas. Umbral también nos habla en ese libro de su salto a la edad madura, de su ser como infinita posibilidad, de unos curas que no saben que sus versos son versos blancos, y de un profundo debate interior. En la novela de educación sentimental del madrileño, como no podía ser de otra forma, también hay viajes en bicicleta, y pecados, y el autor concluye sabiendo cuál es el destino de ese final del recorrido hacia la vida adulta: un religión sin pan ácimo, ni transustanciación, ni Credos, ni Padrenuestros.

María Antonieta, delante de mí, era una melena de noche, una blusa clara y unas piernas desnudas. Se había descalzado para pedalear y llevaba sus sandalias colgadas también de la bicicleta, en el manillar. Decidí amarla por el gesto lírico de aquella noche, por aquella escapada. A veces volvía la cabeza y me sonreía un momento.”

Quizás aquello era una huida. Quizás entonces empezaba yo a huir, y en lugar de tomar el camino que llevaba a los billares con dinero y violencia, o el camino que llevaba a las meretrices con vino y enfermedades, tomaba el camino tranquilo e inocuo de la cultura, e iba buscando aquel Círculo Académico donde se reunían los justos de la ciudad, los que profesaban, como quería profesar yo, la sosegada y cobarde religión de la cultura (que efectivamente, como leería mucho más tarde, era una religión: porque lo más importante que suele encontrar el adulto en los libros es la confirmación de sus intuiciones adolescentes).”

No sé cómo acabará de afectar la JMJ a mi amigo, pero si sirve para que volvamos a reírnos un rato habrá merecido la pena. Por los siglos de los siglos, Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ESTO NO ES UN TRATADO DE BICICLETOLOGÍA

  1. Pingback: LO MEJOR DE JULIO DE 2016 | Biblioteca de ideas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s