OLVIDÓSEME DECIR – DÍA 14: LOS OTROS. EL PASADO, PASADO

Diario:

¿Qué pensarían las personas que aparecen en mi diario si alguna vez leyeran estas páginas? ¿Qué pensaría Alba si se viera aquí reflejada, a través de mis ojos y mis palabras, si supiera todo lo que me hace sentir, las dudas que me genera, las cosas que le oculto, cómo veo a su familia o qué se me pasa por la cabeza? ¿Qué pensaría la vieja, o Juan, o Sergio y Carla; qué Carlitos, qué Vanesa, qué los Souliman, o los profes…? ¿Qué pensarían de ellos mismos o qué pensarían de mí? ¿Cuánto de privado son mis diarios? Quiero decir, ¿quién me dice a mí que, cuando no estoy, la vieja no revuelve en mis cosas y se pone a leer qué pasó el día que Mohammed se rompió el dedo, qué hice el martes 11 de agosto de 2015, o por qué no soporto al profe de gimnasia? ¿Cómo sé que Sergio no se pasó el summercamp entero sabiendo que le llamaba loco, que me daba miedo que fuera un asesino en serie la primera vez que lo vi, o que el culo de Carla me ponía a cien?

turismo1

Escribo y con la escritura expongo mis secretos, mis recuerdos, la forma que tengo de ver el mundo, las cosas que hago o dejo hacer y la opinión que tengo de las personas, los sitios y los acontecimientos. Digo que escribo para recordar, pero no sé si todo lo que escribo voy a quererlo recordar alguna vez. Con Alba, por ejemplo, si la cosa funciona, si aguantamos años el uno junto al otro y envejecemos hasta los cincuenta o los sesenta y un día me pide que leamos los diarios, ¿voy a querer recordar que me besé con Vanesa? ¿Cuánto daño podría hacerme eso a mí, y a ella, claro? ¿Por qué me empeño en rescatar la memoria, en anclarla al presente y hacerla eterna? Si lo escribo, si lo materializo a través de este boli y este cuaderno, ¿no me estoy atando a un pasado que a veces es mejor dejar atrás? Verba volant scripta manent, que dicen los de latín. No sé si ahora que tengo algo en el futuro de qué preocuparme me estoy tirando piedras a mi propio tejado. El pasado ya ha pasado, y como dice Sergio, “deberían quedarse medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido”. El pasado, pasado. El pasado, pa-sa-do.

Quizá debería inventármelo todo, ser un personaje de mi mismo, como en una obra de teatro, en la que el actor sale a escena con su voz y con su cara, pero no es él; es otro. Es Romeo, o Macbeth, o Otello. Quizá si hiciera eso, si lo inventara todo, todavía podría servirme para poner mis ideas en orden y mejorar mi vocabulario. Podría ser un personaje llamado Daniel, por ejemplo, que tiene algo con una chica, que podría llamarse Alicia, y que hay otra, la Valeria, tal vez, que viene a seducir y confundir al protagonista, creándole un mar de dudas y haciéndolo sentir como una mierda. La conexión que tenemos con el lenguaje es fuertísima: lo que decimos, las palabras que escogemos, las que decimos o las que callamos, eso es lo que realmente somos. Si las pronunciamos puede que no sean oídas, que se pierdan en el aire, o que se confundan. Siempre podemos decir “no, no. No he dicho eso” y corregirnos a nosotros mismos; pero si lo escribimos, ¡ja!, eso ya es otro cantar.

Una vez Sergio se puso a hablar de un escritor, no recuerdo el nombre. Había leído un libro suyo que le había gustado muchísimo y que decía que los oídos no tienen párpados que puedan cerrarse y nos permitan así escuchar y saber. He pensado que tenía razón hasta ahora, porque una palabra oída tiene margen de error, pero no hay forma de borrar lo que uno busca con los ojos, lo que uno lee cuando lo va buscando leer. Estoy pensando seriamente en destruir este diario. Bajar con él un día a la calle y quemar sus páginas. Quizá podría derramar alcohol y arrojar la colilla aún encendida de un cigarro. Podría romperlo en mil pedazos y luego decir que se ha perdido. Borrar de la historia que una vez, a mis dieciséis, no supe qué hacer con mi vida, que mentí a mi madre para estar con una chica, que me sentí mal por no tener un padre con el que compartir cosas, que me besé con Vanesa cuando a quien besaba por aquel entonces era a Alba.

libro-ardiendo

O quizá debería escribir más. Escribir el porqué de todo lo que hago. Explicar el presente con tanto detalle que no pueda funcionar fuera de sus límites del tiempo. Para que sea, efectivamente, pasado; cuando su tiempo —el tiempo de la acción en el presente— se haya acabado por completo. Podría decir: “me besé con Vanesa porque no sabía qué hacer con mi vida, y me sirvió para darme cuenta de que con quien de verdad quería estar era con Alba. Los errores enseñan y, a veces, es necesario cometerlos. Ahora soy un David nuevo, sin dudas, que sabe sólo quiere besar a Alba”. En fin, parecido a la realidad, aunque también tendría que inventar casi todo. La mayoría de las veces no sé por qué pasan las cosas que pasan, ni por qué hago las cosas que hago. La vida todavía es un tren a toda mecha que viene directo hacia mí. El otro día fui capaz de ponerme en el andén y decidir qué tren quería coger, pero fue una excepción. Normalmente lo que pasa es que me arroya y me hace pedazos.

No, quizá no debería destruir el diario. No está tan mal esto de saber que fui igual de mierda que el resto de mis amigos, que la cagué, que la lié pardísima y que, pese a todo, seguí adelante, crecí, mejoré. Puede que si sigo con Alba y envejecemos y llegamos a los cincuenta o los sesenta y un día me pide que leamos los diarios, no le importe que me besara con Vanesa, si después he seguido con ella. Quizá el pasado, con sus errores, es algo de lo que estar orgulloso. O mejor, quizá es bueno tenerlos registrados para no volver a cometerlos, como pasó con el título de este diario y la catetada que hice escribiendo “olvidó decíseme”.

Foto-Diario-Pluma

Puede que la vieja haya hecho eso de registrar mis cosas, sentarse en mi cama y ponerse a leer. Puede que ya sepa cómo se rompió el dedo Mohammed, o qué hice el martes 11 de agosto de 2015. Si es así, no me ha dicho nada. Hemos desayunado juntos, me ha dado un beso al irse al trabajo, me ha seguido preparando la cena y planchando los pantalones. Puede que sepa que la he mentido, o que he hecho más trastadas de las que ella creía. Si a ella no le importa, ¿por qué iba a importarle a los demás? Puede que Sergio sepa que, cuando lo conocí, me cagué en su estampa, y aún así me sigue recomendando libros y dando consejos. Puede que la palabra no sea tan mala. O que dependa de dónde venga y pueda perdonarse. Es posible que nada de lo que yo escriba sea tan malo, al fin y al cabo.

Es probable que con todas mis dudas, mis engaños, mis travesuras y mis errores, sea una buena persona. Un buen nene, como dice la vieja. Al final la vida viene como viene, nos toca vivirla como cae. Puedes ser un cabrón, o puedes ser legal. Yo creo que soy de los segundos, aunque a veces, no nos vamos a engañar, pondría a todo cristo en fila y no dejaría ni uno sano. Quién me iba a decir a mí que el día que pretendía ponerme a pasear por mi mente me iba a salir esto. En fin, qué le vamos a hacer, las ideas también vienen como vienen. Mañana más.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s