OLVIDÓSEME DECIR – DÍA 11: EL RETORNO DE LA VANESA

Diario:

Ayer me pasé buena parte del día escuchando los cd que me había enviado Alba en el paquete. No tenía el nombre de las canciones, ya que me lo había metido en sobres, y cada vez que sonaba una la buscaba con el Shazam. ¡Había un montón con nombres de tías! Que si Lola, que si Cecilia, que si Cindy, que si Ophelia, que si Victoria… ¡qué barbaridad! En la carta me decía que podía llamarla con otro nombre, un nombre cowboy, que escuchara los discos y que a ver si sabía cuál era. Pero, joder, hay tantos que no tengo ni idea. Espero que no sea una cosa súper importante, porque no sabría qué decirle. De todas las canciones con nombre de mujer la que me hace más gracia es Lola, pero la que más me pone es Ophelia. Tiene un algo que no sé cómo describir. Me sale decir la palabra “punch” o la palabra “roll”. Ya me extraña que sean palabras en inglés, lo mismo es que no voy tan mal, o que las clases de Ana me van sirviendo para algo.

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También estuve escribiendo en el diario de los profes. En verdad me costó un huevo, porque ahora mismo lo único que tengo en la cabeza es a Alba, y no quería escribirle eso a Guillermo y a Nerea. Les empecé contando la conversación de libros que tuvimos el otro día, que me había leído La Celestina, que lo había vibrado con La casa de Bernarda Alba, que este año me había leído El guardián entre el centeno y El principito, y una cosa me llevó a otra y me salió un “olvidóseme decir” y les acabé contando una de las primeras veces que quedé con estos. Normalmente nos vemos en la puerta de la FNAC del Triangle, la que está al lado del Zurich. Cuando llegué les escribí y resulta que estaban todos dentro, chafardeando libros. Subí con ellos, claro, y me estuvieron enseñando cosas que habían leído. Me acuerdo que pensé “madre mía, ¿dónde me he metido?”, por un momento creí que no iba a ser capaz de entenderme con esta gente y que el final del summercamp había sido el final de nuestra amistad, pero los tíos estuvieron haciendo bromas y me hacían tanta gracia y me reía tanto que pensaba que me iban a echar de allí. Ojalá pudiera compartir con ellos la unión que crea haber leído el mismo libro. Supongo que por eso me decepcionó un poco que a mí me enganchara mucho Quevedo y ellos no le dedicaran un poco más de atención. Recuerdo que mientras lo veía en el colegio pensaba que iba a poder hacer broma con ellos, usar un poco sus palabras como “polvo será, mas polvo enamorado”, o variarla y decir mil burradas sobre eso. O el “Érase un hombre a una nariz pegado”, o no necesariamente ese verso, pero sí el de “naricísimo infinito”, que a mí me hace mucha gracia. O decir “poderoso caballero es don Dinero”, bueno este es de Góngora, pero eso da igual. O usar esa primera estrofa del soneto anónimo de “No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido;/ ni me mueve el infierno tan temido/ para dejar por eso de ofenderte”, para decir que algo nos chifla, como le chifla Dios al tío del poema. Bueno, al tío o a la tía, porque como es anónimo no saben de quién es y se han liado a decir que si San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, o vete tú a saber…

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En fin, que eso les estaba contando cuando me di cuenta de que me estaba quejando un poco, y me sentí mal. Manda cojones que yo, que soy el que menos ha leído aquí, sea el que pida que los otros lo vibren con mis gustos. He pensado en la cara de muerto que se me queda cuando ellos se ponen a hablar de algo de lo que yo no tengo ni idea y entonces desconecto y me pongo a pensar en mis movidas. Más me valía ponerme a leer, para pillarlos. Si me he enamorado de Quevedo, seguro que puedo enamorarme de los autores que ellos leen. Y eso es lo que acabé diciendo en el diario de los profes: que no tengo ni idea de qué vendrá, pero que con estos tengo buen maestro. Que aunque los primeros días del summercamp me rallé, fue una experiencia guapa y tuve mucha suerte de conocerlos. Que espero ponerme las pilas para que no llegue un día en el que diga “Ayer se fue; mañana no ha llegado;/ hoy se está yendo sin parar un punto:/ soy un fue, y un será, y un es cansado”. Total, que con eso me despedía, que la vida había que comérsela y no dejarse ni las migas. En verdad escribir en el diario de los profes me vino bien y me dio un carga de energía y buen rollo. Eso y la música de Alba, que entre el roll y el punch no paro de sonreír. Son unos temas guapísimos. Hay uno que es flipante y que lo he estado escuchando en bucle un buen rato.

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Me hice la comida y recibí un Whatsapp de los colegas propiendo un fútbol en el Iris y luego una playa. Ostras, pues era un planazo, así que les dije que sí. A las cuatro, con todo el solano, bajamos a jugar. Estábamos los hermanos Souliman, Carlos T. y Carlos R. y yo. Como éramos pocos se lo dije a Carlitos; si no había nadie para jugar podíamos hacer un tres contra tres. Al final no nos hizo falta, porque cuando llegamos al Iris había unos tíos que también querían jugar. Eran un poco panolis pero tocaban bien la bola y nos dieron caña. Los Souliman, que son unos guarros, les pegaron alguna patada bastante trapera, pero es que los Souliman son unos tíos muy guarretes y muy traperos. Nosotros porque los conocemos desde siempre, pero sino, no sé si es el tipo de peña con la que te quieres juntar. Bueno, por decirlo de alguna manera: es mejor tenerlos de amigos que de enemigos. Los tíos son un poco turbios, aunque luego son bastante leales y buena gente, las cosas como son.

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Cuando estábamos jugando, llegaron las niñas, que también querían venir a la playa. Vinieron Sara, Lidia y Mireia, que son con las que más nos juntamos, y, ¡flipa!, también vino la Vanesa. No es que haya mal rollo con ella ni nada, sólo que la tía está desaparecida porque ahora para con gente de otros sitios y con tíos más mayores. No sé quién la habrá avisado, pero vamos, que cuando la he visto me he quedado un poco flasheado. Yo no les quería decir nada a estos de lo que había pasado con Alba, pero Carlitos se fue de la lengua durante el fútbol y supongo que luego alguno de estos se lo soltó al resto. Me fui a dar un baño un momento y, cuando volví, Mireia me empezó a preguntar que si era verdad que tenía novia y que les contara y todo eso. La Vanesa me miraba con una cara que daba miedo. Yo no soltaba prenda y no paraba de decirles que me dejaran en paz, pero no había forma. Al final Carlos T. ha dicho que era una tía de las que conocí en el summercamp el año pasado. Hostia puta, qué cerdaco. Vanesa me estaba apuñalando con la mirada, yo no lo acaba de entender pero sabía por donde iba. Después de terminar la conversación que estaban teniendo ellos sobre Alba con un “oye pavos, no os metáis en mi vida”, me fui a dar un baño y Vanesa me cogió por banda y me preguntó si el año pasado me había liado con Alba mientras ella y yo estábamos juntos. En fin, que si le había puesto los cuernos. ¡Buah, qué movidote! Yo venga a decirle que no, que de eso nada. Que lo de Alba era cosa de hacía unos días, que no sabía ni qué tenía con ella. Que es una tía muy guay, pero que me cogió por sorpresa que me comiera la boca. Vanesa estaba enfadadísima y no paraba de decirme que conmigo siempre era lo mismo, que no me enteraba de nada. Que al final iba a pensar que lo que pasaba es que me hacía el tonto y blablabla… Yo no tenía ganas de aguantar su chapa. ¿A santo de qué venía? Supongo que me salió la rabia de cuando me dejó, que aunque era una cosa que ya sabía que iba a pasar, siempre te jode, y me fui del agua y la dejé con la palabra en la boca. Vale, no ha sido lo más correcto del mundo, pero oye, bastante tengo yo con mis movidas para que me vengan ahora fantasmas del pasado a calentarme la olla.

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Me fumé un piti para secarme. Me quería pirar a mi casa y se lo dije al Carlitos, que se debía haber quedado con la copla y me hizo la cobertura. Total que, cuando me sequé, recogimos las cosas y nos fuimos. El tío me estuvo preguntando todo el camino cosas sobre Vanesa. Yo me estaba cagando en la puta, porque me había sentado como un tiro que la tía me pegara la chapa y necesitaba desahogarme. Cuando llegué a casa me di una ducha y me puse a jugar a la Play para desconectar, pero al poco llegó la vieja con Juan y se pusieron a contarme todo lo que habían hecho en Sitges. Me estaban enseñando fotos en el móvil cuando llamaron al interfono. Era la Vanesa, ¡manda cojones! La tía quería que bajara para hablar. Total, que para no liarla por el interfono y que mi madre se quedara con la copla bajé. Me estuvo pidiendo disculpas por cómo se había puesto y diciéndome que no tenía motivos: que era mi vida y que si ahora estaba con ella pues que bien por mí, sólo que cuando me ha visto en la playa ha sentido que me echaba de menos y cuando ha oído que tenía novia le ha entrado todo el mal. Yo no sabía de qué estaba hablando, llevaba sin coincidir con ella la hostia de tiempo. Pero espérate, porque en una de estas la tía va y me come la boca. Yo me quedé flipando, porque joder, no me lo esperaba para nada. Le pregunté que qué hacía y la tía otra vez a decirme que lo sentía, pero que me echaba de menos y todo eso… Yo estaba flasheado. Joder, qué verano, la cabeza me va a explotar. Le dije que tenía que subir, que me esperaban para cenar y que ya nos veríamos. La tía venga a darme abrazos y yo allí, sin saber qué hacer.

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Por la noche Alba me estuvo preguntando cómo me había ido el día. Le conté que había estado escribiendo para los profes, y escuchando la música. Y también que había ido a jugar al fútbol y a la playa, pero nada de lo de la Vanesa, claro. Ella me estuvo contando su día y diciéndome que el martes llegaría a BCN lo más temprano posible, que había pensado que podíamos pasar el día juntos, que avisara a la vieja. Dice que a ella lo que le va mejor es que quedemos en su casa, en Lesseps. Joder, yo no he estado nunca allí pero suena lejísimos. Hay una parada de metro, pero es de la línea 3, verde. A mí me sacas de la roja y la lila y ya voy perdido, pero en fin, es lo que hay. Le dije a mi madre que el martes no vendría a comer, que habíamos quedado todos para acabar el diario de los profes. Coló, o eso creo. La verdad es que desde que curro la vieja me hace menos preguntas. También es porque ahora no tengo que pedirle dinero a ella cada vez que salgo, aunque ahora tengo que aguantar que me diga que ahorre y que no me lo gaste todo, que el dinero hay que gastarlo con cabeza y todo eso. En fin, frases de madre.

Hoy por la mañana me ha vuelto a escribir la Vanesa. Dice que necesita hablar conmigo y todo eso. Yo venga a decirle que andaba muy liado, pero ha insistido tanto que le he dicho que nos vemos esta tarde. Miedo me da. Está claro que el mundo se ha puesto en mi contra y no me va a dejar que me ponga nunca a escribir mis movidas, a ver si consigo ponerme en orden. En fin, mañana más.

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