OLVIDÓSEME DECIR – DÍA 5: DESPUÉS DE LA TORMENTA…

Diario:

Después de la tormenta siempre llega la calma”. Mi madre dice que se pasó todo el embarazo escuchando un disco de temazos que le había grabado no sé quién y que entre las canciones estaba esta de Alejandro Sanz, la de Corazón partío, que yo la he escuchado hasta la saciedad y la tengo un poco sudada, pero hay que reconocerle que la letra dice cosas que son verdad. Yo me la sé de memoria: “Ya lo ves, que no hay dos sin tres, que la vida va y viene y que no se detiene… y, qué sé yo…”. También dice lo de la tormenta, y con Alba, afortunadamente, ha pasado eso. Ayer se pilló un mosqueo del mil y yo estuve todo el día sin saber qué decirle, pero hoy ya estamos arreglados. O más o menos, porque yo sigo sin tener ni idea de qué ha pasado exactamente.

Carla me dijo que Alba, más que enfadada, estaba dolida conmigo y que iba a necesitar que le demostrase que sí que me importaba. Bueno, pues eso lo tenía fácil porque a mí Alba claro que me importa. Le he cogido mucho cariño, como al resto de loquitos del summercamp, pero a ella más. De hecho, a ella más que a ninguno. Es con la que más hablo de todos. Siempre chateamos por Facebook y nos contamos lo que vamos haciendo por Whatsapp. Aunque sean chorradas siempre nos escribimos y nos hacemos bromas y chistes. No sé cómo pudo pensar o decir que no me importa, pero en fin, así es o así fue, así que nada: ahora tocaba hacerle un poco la rosca para que la cosa volviera a funcionar. Yo me pasé todo el día sin acercarme mucho a ver si me iba a volver a caer otro capazo de gritos, pero por la tarde, en la playa, me acerqué a ella y le dije que sentía mucho todo lo que había pasado por la mañana. Que sí que le prestaba atención, que claro que le prestaba atención, pero que era despistado para algunas cosas y que este año no sabía qué me pasaba y muchas veces estaba en un mundo interior de pensamientos. Le conté que por eso me habían tumbado tres y aunque se rió me dijo que no era lo mismo, que ella era una persona y que éramos amigos y que ella siempre estaba atenta cuando yo hablaba. Yo venga a decirle que sí, que lo sentía. No quería decirle que el juego de cartas era una full, aunque en verdad, hubiera sido lo más fácil.

Estuvimos hablando un buen rato de nosotros, de todas las cosas que nos habían pasado este año y durante el verano pasado en el summercamp. Alba no paraba de repetirme que yo me había convertido en una persona especial en su vida y al final me acabó pidiendo perdón por haberse puesto así y nos dimos un abrazo de reconciliación. Menos mal, porque estar en su casa con la anfitriona cabreada era horrible. Yo pensaba que ya estaba todo solucionado y que la cosa volvía a estar como siempre, pero ay, iluso, las cosas nunca vuelven a estar como siempre… Después de hablar con Alba y arreglar las cosas, entre haberme quitado ese peso de encima y el solazo que pegaba, me quedé dormido en la toalla. Cuando me desperté Alba estaba medio abrazada a mí. Yo estaba sudadísimo y necesitaba darme un baño. Al moverme ella también se despertó y me dio un beso en la mejilla y se vino al agua conmigo. Estábamos hablando del calorazo que hacía y la tía no paraba de salpicarme agua e intentar ahogarme. Yo estaba lelo de la siesta que me había echado, así que casi no podía ni pelear y me dejaba hacer. Carla también se había dormido, pero cuando vio que Alba estaba intentando ahogarme vino corriendo e hicieron un equipo de chicas para hundirme entre las dos. Fue durísimo porque entre lo muerto que estaba, la energía de Carla y la insistencia de Alba acabé tragando tres litros de agua. Las tías no paraban de reírse y al final me tuve que poner serio e ir a por ellas, pero qué va, no había forma humana de ganarlas. Al final me rendí y como estaban en modo guerra me tocó pagar una peñora. Alba me pidió que le escribiera un poema. Zasca. Menudo golpe bajo. Es verdad que este año he estado leyendo bastante poesía, porque en castellano, en el cole, hemos visto a los poetas del Siglo de Oro y los sonetos de Quevedo me han enganchado un montón. Hay muchos que no se entienden, pero luego tiene otros que son super críticos y graciosos y con los que me parto la caja. Yo le dije que yo no era poeta y que si eso ya se lo escribiría más adelante. No se quedaron convencidas, así que me dijeron que por si no se lo escribía me tocaba jugar un buen rato al juego de cartas que nos enseñó Alba. Pues hala, ahí estuve jugando un ratazo. Perdí estrepitosamente porque no tenía ni idea de cómo se jugaba, pero me daba miedo preguntar más, así que iba echando cartas al tun-tún y no sumaba puntos ni contándome las cicatrices… En fin, yo lo hacía por no liarla, pero qué poco sabía entonces lo liada que estaba la cosa.

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Volvimos de la playa tarde y cómo ya no era hora de merendar nos duchamos y cambiamos y Alba cogió la guitarra y se puso a tocar canciones para nosotros. Su padre nos miraba de reojo, hasta que al final se unió a nosotros con otra guitarra. ¡Qué sorpresa! Resulta que su padre también toca, aunque lo más sorprendente es que su padre canta. Tiene una voz grave y profunda. Alba estuvo diciendo que su padre era muy fan de Johnny Cash. Yo no lo conocía, pero las canciones que tocó me fliparon. Son una especie de canciones de cowboy y cantaron una y otra y otra más… Tocaron una canción que se llamaba “Tear stained letter” que era guapísima. La tocaban y se miraban y se sonreían y se decían cosas en inglés y nos transmitieron a todos su buen rollo. Viéndolos a los dos tocando, padre e hija, me entró un poco de envidia. Yo nunca pude compartir nada así con mi padre; y Juan es muy buena persona, pero creo que ya me ha cogido mayor para estar muy pegado a él. Los tíos no paraban de animarse y empalmaban una canción tras otra hasta que vino la madre de Alba y se sentó en el suelo con nosotros y se puso a fumar. Yo le pregunté si también podía fumar y ella me dijo que sí y me ofreció un cigarrillo. Carla y Alba me empezaron a pegar la chapa para que no fumara, pero su madre se puso de mi parte y me pude fumar un cigarro mientras ellos seguían cantando y tocando. Al final su padre dijo que esto si se hacía se tenía que hacer bien. Yo no tenía ni idea de a qué se refería pero la verdad es que cuando lo descubrí fue flipante.

Nos dijeron que podíamos seguir en la habitación de la música. Nos fuimos todos para adentro, su padre se puso un sombrero de cowboy negro y, ¡al loro!, su madre se sentó detrás de la batería. La vieja de Alba, esa mujer elegante, le atiza a la batería que da gusto. Tocaron un montón de canciones seguidas de Cash y su madre no paraba de hacer redobles en la caja, como si fuera el paso de un caballo al galope. La imagen era única: ellos tres tocando para nosotros, su padre en el medio, con ese sombrero de vaquero y su madre, con el cigarrillo en la boca tocando como si le fuera la vida en ello. Todos estábamos flipando pero la cosa todavía se iba a poner mejor. Su padre le dijo a Alba que cogiera el bajo y él se sentó en ese piano raro que tienen. Se ve que se llama Hammond y hace unos sonidos guapísimos. Dijeron que iban a tocar una canción especial para su madre. Ella ya debía saber de qué se trataba porque se puso a estirar un poco. La canción se llamaba Gypsy (se ve que es “gitano” en inglés) y es un flipe de batería. Carla se levantó y se puso a bailar y a hacer el indio. Ese tema consiguió que hasta Sergio se moviera. Un temazo, sí señor. Alba se pegó un solo en mitad del tema haciendo todas esas cosas que sabe hacer ella con el bajo. Sus “paaang”, sus “boouung” y un montón de sonidos guapos más.

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Su madre después de ese tema dijo que necesitaba una ducha. Su padre se quedó un poco más, pero también se fue y acabó Alba volviendo a tocar sola para nosotros. Se puso a dedicarnos canciones a cada uno. A mí cada tema me flipaba más y entonces tocó uno que se llamaba “You are my Sunshine”. Alba no dijo a quién se lo dedicaba, pero la tía me miraba tan fijamente que yo no paraba de ponerme rojo. La canción era en inglés y yo no acaba de entender mucho lo que decía. En ese momento me estaba cagando en Dios por no saber qué me quería decir Alba, porque estaba claro que si me miraba tanto es que me quería decir algo. Al final Carla dijo que podíamos ver la peli Little Miss Sunshine. Yo no la había visto y Alba dijo que la tenía en DVD así que ya teníamos plan para después de cenar. Cojonudo.

La peli era buenísima y me flipó un montón. Y eso que la hemos visto en versión original con subtítulos, pero yo iba leyendo y me enteré de todo bien. Carla y Sergio se durmieron a la mitad y cuando los despertamos dijeron que se iban a la cama. Yo no tenía nada de sueño, supongo que por la siestaca de la playa. Cuando acabó la peli tenía pensado ponerme a escribir, pero Alba me dijo que ella tampoco tenía sueño y que por qué no nos dábamos un baño en la piscina. A mí me pareció perfecto. Bañarse por la noche siempre mola el doble. La piscina tenía luces debajo del agua y como no había nadie se estaba de lujo. A esa hora estaba prohibido hacer ruido así que no podíamos ni saltar ni dar voces. Yo hacía por hablar flojito pero Alba no paraba de hacerme “shhht” y de ponerme el dedo en los labios para que hablara más bajo, pero lo hacía de una forma que me hacía mucha gracia porque cada vez que me acercaba la mano a la boca tragaba agua y no paraba de reírme. En una de estas se me acercó y me dio un beso. Yo me quedé sin saber qué hacer ni qué decir. Alba estaba a cinco centímetros de mi cara, mirándome, esperando, supongo, una respuesta. Y yo quieto, flipando, como cuando me dan un regalo. Las manos de Alba detrás de mi cuello, acariciándome la nuca y el pelo mojado. Yo notaba como el tiempo se deslizaba lentísimo, como si pesara o se hubiera parado mientras ella me miraba. Sus ojos me parecían enormes y seguía sin saber qué hacer ni qué decir. Nuestros cuerpos estaban pegados bajo el agua. Notaba sus tetas apretadas contra mi pecho. Uff. Iba a pestañear cuando al ir a cerrar los párpados me volvió a besar. O quizá fui yo la que la besó entonces. Alba salió del agua y se cubrió con la toalla. Yo seguí un poco más en la piscina, pero ella cogió mi toalla y la abrió para que saliera. Me envolvió y entonces sí que la besé. No dijimos ni una palabra. Yo la abrazaba y la envolvía con mi toalla y ella, enroscada en la suya, se apretaba contra mí. Yo quería tocarla, cogerla por la cintura, llevar las manos a su culo. Me estaba poniendo malísimo. Alba se separo de mí. Se reía. Tiró de mí y nos fuimos a casa, y mientras me cambiaba escuché como Alba se secaba el pelo. En ese momento me entró una vergüenza enorme y me quedé paralizado, sin saber qué hacer. Dudé en ir a buscarla, o en esperar a que ella viniera, pero al final me metí en la cama sin saber qué hacer y me pasé la noche dando vueltas. Quería ponerme a escribir pero no quería encender la luz de la habitación para no despertar a Sergio, ni bajar al comedor.

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Hoy llevo todo el día sin saber qué decir. Alba me trata normal. No me ha vuelto a besar, pero en lo que llevamos de día me ha cogido dos veces de los hombros y me ha dado tres collejas. Su padre ha dicho que después de desayunar iremos al mercado para comprar algo rico de comer. Yo me he metido en la habitación a escribir. Tengo que dejarlo ya porque nos llaman a desayunar. A ver qué pasa. Creo que me voy a morir de vergüenza delante de todos.

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