SUMMERCAMP – Día 14

pluma

Tengo un primo, el Marquitos, que es un crack. El tío estudió economía o algo así, y antes de acabar la carrera ya estaba trabajando en una empresa pepino y llevándose un buen montón de billetes. El tío, mi primo, vamos, además es un fucker. Está fuerte, porque va al gimnasio y sale a correr, y ha tenido la suerte de ser bastante guapete. Total, que el tío se triunfa a las tías de calle. O bueno, se las triunfaba, porque hace como dos años o así que está con una tía pija de la parte alta de Barcelona. Es una intelectual de esas con gafas de pasta. Es bastante más joven que el, que se deben llevar cuatro o cinco años, y la tía está buena a rabiar. Al principio de salir con ella el Marquitos no paraba por casa, estaba todo el día por Barcelona: que si cena aquí, comida allí, gintonic en un garito nuevo, música en directo en un pub del año de la picor, y así todo el día. La mitad de noches no venía ni a dormir a casa, que a mi tía se la llevaban los demonios, porque lo mismo se tiraba tres días sin ver a mi primo, que sólo acudía a dejar la ropa sucia y a llevarse las camisas y los trajes planchados.

Ahora, desde hace más o menos un año o así, mi primo está más centrado. Duerme en casa y mi tía habla maravillas de él. Aunque se ralla un poco, porque se ve que lleva como un año gastándose un montón de pasta, mucha más que antes. Se ve que ahora está en ese punto en el que él le paga todo a la parienta: Dos o tres cenas por semana, el cine, los conciertos y hasta algún viaje. El tío se ha comprado un coche, un Volkswagen,  y lo ha pedido en azul, que es su color favorito (el de ella, claro). Él dice que lo hubiera preferido en blanco, pero que con las tías hay que hacer estas cosas, que ellas saben compensar todo esto. Anda que no, cuánto sabe mi primo. Bueno, pues eso, que mi primo ahora va de este palo. Que sale a cenar de restaurante bien dos o tres veces por semana y se pide ensalada para compartir y botella de vino y luego platos de esos que parece que los haya pensado el Ferran Adrià. También va mucho al cine, mucho. Dos veces por semana mínimo. La mitad de veces las pelis que ve no le molan, que ya es raro, porque mi primo tiene un gusto muy así para el cine y con todo aún dice que tiene que chuparse cada peli mala que tira para atrás. “Es por la parienta -me dice-, ya sabes”. Ahora mi primo también sale a bailar, esto es quizás lo que más me flipa, porque mi primo siempre ha tenido las piernas de madera para el baile, que él cuando iba a las discotecas era para ponerse fino de cubatas y acabar comiéndose la boca con alguna tipa de las que luego no sabía ni cómo se llamaba. Lo mismo: “es por la parienta, que a ella le mola bailar y me lo pide mucho”.

Todo esto va a cuenta de la cartera de mi primo que, aunque se lo gana bien, al pobrecico no le queda ni un duro para echarse unas cañas con los colegas, que no paran de decirle que está desaparecido. Bueno, le dicen algo más fuerte, algo como que lo han secuestrado o algo así. En el curro tampoco es que ande muy allá, que el tío ahora sólo echa las horas que le tocan y se pira. No como al principio, que estaba encantado de echar horas extras a porrillo, que se llevaba casi dos sueldos el cabrón y luego se pegaba unas fiesta en Ibiza que eran la hostia. Ahora no, ahora el tío dice que lo más importante es pasar tiempo con la parienta, que se ha dado cuenta que es la mujer de su vida y todas esas cosas. Que se ha enamorado, vamos. Que mi primo se ha enamorado hasta las trancas y está con la tía esa que no caga. Es un horror oírlo, porque sólo habla de ella: que si la tipa hace esto, que si ahora ha empezado a currar en no sé dónde, que si le ha hablado de un sitio al que tienen que ir a comer no sé qué, que si ha descubierto a un director de cine que es un pasote… Mi primo está irreconocible, de verdad, irreconocible del todo. Ahora va hecho un pincel siempre, que antes sí que llevaba traje para el curro, pero luego se ponía su chandal, su camiseta de bar Pepe y se bajaba con una litrona a la playa con los colegas, y ahora no. Ahora el tío se maquea hasta para bajar a por el pan o sacar la basura. Dice que la parienta le dice que así está más guapo, y que él se siente más cómodo también. Que ahora ha encontrado la forma de divertirse que más le gusta, que antes salía con los colegas porque era lo que había hecho siempre y ahora de verdad disfruta de la comida y de la conversación y todo eso. Yo la verdad es que cuando me habla se pone tan pesado que desconecto. Vaya cambio ha dado mi primo, ahora, a veces, hasta me parece un poco moñas, para que nos vamos a engañar.

El otro día, hubo un follonaco en el barrio. Estábamos nosotros jugando al fútbol y llego un coche de la Urbana con otro coche de esos de la Diputación, que el Jonathan me dijo que era de los Servicios Sociales. Bueno, pues se ve que iban preguntando por mi tía, que le traían a mi primo. La mujer se pegó un susto del mil, porque se pensaba que había tenido un accidente con el coche o algo así, pero que va. Casi peor. Resulta que mi primo hace un año largo que ya no está con la parienta, que la tipa lo plantó, pero como él estaba tan colgado ha seguido haciendo las cosas que hacía con ella, y lo más chungo: como si las hiciera con ella. El tío iba al cine y sacaba dos entradas, iba a cenar y pedía platos para ella, iba a echar el vermut y pedía dos copas… joder, ¡que hasta se fue de viaje y le sacó un billete! Hasta el coche, que se lo compró hace poco, lo pidió en el color que le molaba a ella, ¡y ya no estaban juntos!

Se ve que en algunos locales a los que iba mi primo se quedaron con la copla y avisaron a la policía, porque ya vieron que al chaval se le había girado la pinza y no regía bien. Al final, los de la Urbana se deben de haber rallado y han llamado a los Servicios Sociales que lo han recogido y se lo han llevado a mi tía a su casa, en un coche de la poli y todo, que a la pobre casi me la matan del disgusto. No veas con mi primo, menudo muerto. Él se ha puesto a explicar, la mar de tranquilo el muy cabrito, que lo que pasa es que a él le molaba el rollete ese de salir que había descubierto, y que la silla vacía, la silla vacía en el restaurante, o en el cine, o en el bar, o en el avión, o donde fuera, era mejor que quedarse en casa y volver al chandal y a la litrona y a la playa. Sus colegas se han quedado flipando, pero como son amigos de toda la vida no se lo han tomado a mal y le han dicho que no se preocupe, que ellos le van a ayudar a curarse de la cabeza, que para eso están los amigos. Mi primo lleva llorando desde entonces. Yo, la verdad, no sé qué pensar.

***

Esta es la redacción que le he entregado a la Nerea y a la Cristina. La escribí ayer por la noche, mientras el Sergio leía. Yo quería ponerme a leer el libro de Elvira Lindo que me imprimió la psicóloga, pero me daba palo que el Sergio me viera leer algo que no era el libro que él me había dejado, así que me puse con esto otro. He ido a entregársela a la Nerea después del desayuno y la tía se la ha guardado, pero me ha dicho que después de la charla de por la mañana fuera con ella un rato a ver a la Cristina, a ver qué le parecía a ella. La han leído delante mío, que yo me estaba muriendo de vergüenza. No paraba de mirarles la cara, a ver si se reían o qué hacían, pero que va, la tías han estado serias todo el rato. Al acabar, la Cristina me ha dicho que la idea era buena, que tenía mucha imaginación, pero que el lenguaje habría que pulirlo. Que necesitaba leer para “ampliar mi vocabulario”, que hay muchas formas de decir las cosas y que hay que intentar decirlas de una forma que no sea malsonante. Malsonante. Te juro por dios que ha dicho malsonante. Vamos, que mi redacción es una mierda. Ves, me cago en todo, si es que no tendría que haberla escrito. Le he preguntado, ya para quedarme seguro, si la redacción era mala, y le he dicho que no debería haberla escrito. Entonces las tías se han alborotado un poco y me han dicho que no, que no, que la redacción no era mala. Que la idea era muy buena y que tenía imaginación. Que lo que tenía que hacer era seguir escribiendo, escribir mucho, pero aprender palabras nuevas, probar otra forma de decir las cosas. Yo no acababa de entender y entonces la Nerea ha cogido la redacción y me ha empezado a decir que no podía escribir palabras como “empresa pepino” o “comerse la boca” o “cabrón” o “pasote”. Yo les he preguntado que por qué y me han dicho que en los libros no aparecen estas cosas. Yo les he dicho que, a ver, que lo mismo esas en concreto no, pero que sí, que el libro de Elvira Lindo, o El guardián entre el centeno, tiene un lenguaje “normal” (yo digo “normal”, porque muchas veces el lenguaje de los libros no es normal, no me jodas). Se han quedado un rato pensando. Yo creo que ahí las he pillado un poco. Al final me han dicho que tengo razón, pero que aún así debería leer más, “ver las distintas posibilidades que hay de decir las cosas”. Bueno, venga: para ti la perra gorda. Pero yo había venido aquí a que me digas si eso está bien o no, no a que me digas si he leído mucho o poco. Qué tendrá que ver leer con escribir, es que no lo entiendo joder. Si lees pues lees, y si escribes pues escribes. Es que son cosas distintas, ¿no?

Pues resulta que no. Al final, mira, ¿sabes quién me lo ha explicado? El Sergio. Para que tu veas. Cuando he vuelto con todos los otros chavales, mi grupo me ha preguntado que qué me había pasado. No sé qué me ha dado, pero les he dicho que he ido a entregarles la redacción. Todos han empezado a decirme que la querían leer. Todos menos el Sergio, que manda cojones que el chaval que más lee haya sido el único que no ha dicho que la quería leer. El tío lo que me ha preguntado es que qué me habían dicho. Yo le he contado eso de que han dicho que era malsonante y que me habían dicho que tenía que leer más. El tío ha echo chocar la lengua con los dientes, “pcht”, y ha dicho “mira, leer siempre te va a venir bien, porque aprenderás cómo crear expectativa en el lector y como ir desarrollando la historia. Leer te va a enseñar cómo escribir, pero por el lenguaje no te preocupes. Una cosa es el cómo escribes y otra es qué escribes. Hay muchas cosas que son malsonantes, como algunas historias de Bukowski”. A mí me ha sonado todo a chino, pero me ha hecho sentir bien, que era lo que yo necesitaba. Joder, vaya psicóloga más mierda, si casi me hunde en la miseria la muy cerda. Luego el Sergio me ha estado explicando cosas de los libros que él se lee y me ha estado poniendo ejemplos. En un rato hablando con él he aprendido más que en todos los años que vengo haciendo lengua y literatura en el cole. Joder, que manera de hablar y de expresarse más clara. A veces, es verdad, el tío utiliza unas palabras raras que yo no entiendo como “horizonte de expectativas” o “digresión” o cosas así, que le he pedido que me las repita y las he apuntado para buscarlas. Al final le he dicho al tío que lea mi redacción y que me diga qué le parece a él. Mira, la Cristina se acordará de qué va El rey Túnix, pero el Sergio es el tío al que más he visto leer en mi vida. Para mí eso basta, éste es el experto, y punto. Me ha dicho que se la leería después de comer, que ahora estaban con las actividades y si no le iba a caer bronca. Pues vale, tío, trato hecho.

llaverocuero

Yo también me he puesto con las actividades. Los tíos estaban haciendo unos llaveros con nuestros nombres, y unos marcos de fotos. También había llaveros de plástico de esos de meter fotos dentro y había fotos nuestras y tal. Hostia, mola. Eran cosas para que nos lleváramos de recuerdo. Yo me he hecho un llavero con la foto que nos hicimos los seis con las banderas. Me he acordado de la foto que me regaló la Alba, no es que me hubiera olvidado, pero llevo días queriendo marcarme un detalle con ella y regalarle yo algo. Así que he ido a hablar con el Guillermo y le he contado lo que pasaba. El tío me ha dicho que tenía una foto nuestra en el cine, en la que salíamos arrepenchados. Que luego me la daba por si quería montarle algo. Hostia, qué guay, cómo se lo ha currado el tío. Me he puesto a hacer un marco de fotos guapo para la Alba, para que se lleve la foto. Así los dos tendremos una foto nuestra. Yo sabía que “amigos”, en inglés, es “friends”, pero quería poner algo más guay, que eso quedaba un poco moñas, y le he preguntado al Guillermo que qué podía poner. El tío me ha dicho que no ponga nada, que por la tarde íbamos a hacer un álbum en el que nos podríamos escribir, pero que no dijera nada todavía. Hostia, bueno vale. Al final en el marco le he escrito “Summercamp AGO 14”, que creo que me ha quedado chulo. Al final, no sé por qué, me he puesto a escribirle una frase de Up, la peli que vimos, abajo del marco. Le he escrito “Nunca me había subido a una casa flotante”. He pensado que era un poco moñas, pero que en el fondo molaba, porque el Summercamp ha sido un poco como la casa de Up, aunque me haya rallado un poco a ratos, hemos vivido bastante aventuras y nos hemos reído un montón. Como regalo de recuerdo está guay. Lo he acabado sin que me viera y le he pedido al Guillermo si me lo podía guardar y me ha dicho que sí. Hoy el tío se lo ha currado cantidad.

marco

Después de comer el Guillermo me ha venido con la foto. La he recortado y la he metido en el marco. Ha quedado cantidad de guapo. El tío me ha traído hasta un trocillo de papel de regalo para que la envolviera. Menos mal que me ha ayudado porque yo para esas cosas soy un zaforas, como me dice siempre la vieja. No me he podido fumar mi piti con el café, pero bueno, ha merecido la pena. Por la tarde nos han repartido unos blocs muy guapos, para que pegáramos las fotos que quisiéramos y, como me había dicho el Guillermo, para que nos escribiéramos cosas los unos a los otros. Yo en la portada me he puesto la foto que nos hicieron a toda la trupe en Port Aventura y he puesto “Summercamp AGO 14”. Abajo he puesto mi nombre y lo he empezado a rular, pero la Alba, la Carla y el Sergio me han dicho que se lo dejara luego, que me querían escribir con calma. Me han escrito los demás: la Nayara, el Jesús, el Álex, que me han puesto que muy guay haberme conocido; y el Jordi, que se lo ha currado y me ha hecho un dibujo en el que salgo yo con una gorra que pone taxi y una pelota de fútbol. El tío me ha escrito “¡suerte!”. Mola bastante, el dibujo está cantidad de currado. El Héctor y el Andrés también me han escrito. Los dos me han puesto más o menos lo mismo: que ha sido guay conocerme y que suerte en la vida, y que si quiero escribir que escriba, y que si quiero ser taxista que ya me llamarán para que los lleve a los sitios. Yo a los demás también les he escrito más o menos lo mismo, que me lo he pasado muy bien y que estamos en contacto. Al Sergio, a la Carla y a la Alba también les escribiré con más calma, que si ellos se lo van a currar conmigo yo no quiero ser menos.

cocteles14

Después de cenar hemos tenido cócteles de colores y música, pero la Alba no ha salido a tocar. Hemos estado hablando todo el rato y al final del todo le he dado el marco que le había hecho. La tía lo ha abierto y se ha emocionado un montón. Me ha dado un abrazo que casi me rompe. Se lo ha enseñado a la Carla que me ha dicho “ai, nen, que mono que ets”. Yo me he puesto cantidad de colorado de la vergüenza, pero me ha gustado mucho que a la Alba le hiciera tanta ilusión. El Sergio ha estado escribiéndome en el álbum que habíamos hecho, y la Alba y la Carla me han pedido que se lo deje para escribirme con calma en la habitación y que mañana me lo daban. El Sergio y yo nos hemos quedado los suyos. Ahora les vamos a escribir. A ver qué les ponemos.

Mañana después de desayunar tendremos que desmontar la habitación y hacer la maleta. Luego subirán los viejos y comeremos todos juntos aquí. La vieja dice que va a subir una tortilla de patatas y unas pechugas rebozadas. Me ha preguntado que si quiero que suba algo más, pero yo le he dicho que no, que ya está bien. Esto se acaba. Al final ha estado cantidad de bien, y sé que con esta peña me voy a seguir viendo, al menos eso espero. En fin, voy a ver qué les escribo a estas.

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