SUMMERCAMP – Día 13

Decathlon toalla

Diario, hoy me he dado cuenta de que la toalla de microfibra del Decathlon que me he traído al summercamp huele a culo y tiene más mugre que el rabo de una vaca. Menos mal que ya quedan pocos días para volver a casa y, además de ponerla a lavar, voy a poderme dar una ducha en mi ducha y me voy a poder secar con una toalla de verdad y no más con esta mierda, que es más fura que fura y ya no da ni asco. En verdad no sé porque me pongo a escribir estas tontadas aquí. Hoy me he pasado todo el día pensando en la redacción para la Nerea y la psicóloga, para que tu veas. No es que escribirles algo sea la ilusión de mi vida, pero sí me gustaría que me dijeran que está bien escrita e irme de aquí convencido de que valgo para algo, de que a mí también me pueden poner en una silla, delante de todos, y decir “mira, este chaval escribe” y que sea algo guapo y único, como la Alba toca el bajo, o el Jordi dibuja, o el Álex y el Jesús tocan la guitarra. Sí, es lo que me molaría, que alguien, alguien que no sea de mi familia, me diga “olé, chaval. Vales para esto, no lo dejes, llegarás a ser algo”, porque en el fondo es una full no saber qué es lo que quieres hacer en la vida, o si vales para algo. En verdad, lo que es más full de todo es no ser especial en nada, ser sólo uno más. Aunque sea por algo chungo, como ser un gordaco como el Héctor, o un niño loco como el Andrés. Aunque sea por eso, fíjate lo que te digo. Todos tienen algo. El Sergio lee como si no hubiera mañana, la Carla es una hippy con un culo de infarto, pero yo, ¿yo qué? Yo lo único que sé es que me gustaría ser taxista, que tampoco es que lo supiera antes, quiero decir, que si me hubieran dicho que ser cocinero mola cantidad pues ahora diría que quiero ser cocinero y eso no es, eso no es. Es que joder, no tengo nada único. Soy de Badalona, sí, como el resto de la peña que ha nacido o vive allí; y estoy enrollado, o saliendo, no sé, con la Vanesa, pero en eso tampoco soy el único, que la Vanesa se ha comido la boca con otros tíos de clase. Lo único a lo que podría agarrarme es que he sido el único del summercamp que ha escrito cada día en el diario, pero vamos, no es que sea un súper mérito, porque seguro que hay gente que escribe cada día en un diario, y que lo hace desde que tiene seis años o así.

Me ha dado el bajón, qué quieres que te diga. Me he puesto a pensar y me ha dado el bajón. Es que en el fondo, ni siquiera esto es único, o sea, que me imagino que todo el mundo quiere destacar en algo. Yo me he ido dejando hacer, no me he comido nunca el tarro con lo que me gustaba o con qué iba a hacer con la vida y mira, ahora, con todo esto, me he dado cuenta de que me toca decidir y no tengo ni idea de qué es lo que voy a hacer, que bueno, eso es normal a mi edad, supongo. Lo jodido es que no sé, ni siquiera, qué me gusta, y esto sí es una full. Una mierda. Una jerna. Pero una de las gordas, porque dime tú, adónde va un chaval de quince años sin saber todavía qué es lo que le gusta. Que sí, joder, que me gusta el fútbol, pero vamos, que tampoco es aquello de decir que si no hay fútbol me muero. Sería un poco más aburrida la vida, eso sí, pero como he llevado este plan de no plantearme nada, seguro que hubiera encontrado cualquier otra cosa que llenara ese espacio. Joder, joder… ¿a ver si es que soy un muerto y no me he enterado hasta ahora? Uff, uff… qué puta mierda es la vida, ¿no? Vaya un agobio más chungo. ¿Esto es hacerse mayor? ¿Rallarse con las cosas y que te de un medio siroco que te deja catatónico? Me cago en Dios, vaya una castaña. En fin, para atrás ya no puedo ir así que me tengo que poner las pilas y buscarle solución.

un-rollo-de-papel-higienico

Como andaba tan rallado con esta mierda le he pedido a la Nerea si me dejaba ir a ver a la Cristina. Mira nen, que yo no estoy loco, lo que pasa que la tipa esa debe de saber de movidas de agobio y joder, la tía está aquí, es fácil y discreto. No es como ir a tu vieja y decirle que quieres que te lleve al psicólogo. ¿Qué quieres que haga? A mí haberle pedido a la Nerea ir a ver a la Cristina me ha parecido inteligente, y el abuelo siempre decía que lo más importante era hacer cosas inteligentes, aunque cuesten. Pues joder sí cuesta, sí, que he estado dándole vueltas a todo esto desde que me he levantado. Y eso que al lavarme la cara he olido la toalla y casi me caigo redondo del pestazo que echa, que me han dado ganas de tirarla y secarme estos días que me quedan con papel higiénico, que más limpio va a estar seguro. Pero luego he pensado que si al salir de la ducha me secaba con papel higiénico se me iba a quedar pegado por todo el cuerpo y eso, además de muy raro y muy de loco, iba a ser la hostia de incómodo. Ves, eso no es una decisión inteligente, pero joder, ir a ver a la psicóloga cuando estás tope de rallado pues sí, ¿no? Total, que he ido. Con dos huevos. Lo que pasa que una vez allí no he sabido muy bien qué decirle. Me he puesto a hablar así, intentando no quedar como un niñato o como un loco, pero no me entendía ni yo, y la tía tampoco estaba pillando un carajo. A ver, normal. Al final lo que le he dicho es que no tenía ni puta idea de qué me gustaba hacer en la vida y que estaba tope de rallado. Y mira, poco a poco me han ido saliendo las palabras y le he acabado diciendo que me sentía un poco pringado, que no veía que yo tuviera nada especial, si me comparaba con el resto, y que me he agobiado y le había pedido a la Nerea que si la podía ir a ver. Buah, es que ahora que lo pienso, debe de haberme dado un agobio fuerte para que se me cruzaran los cables y haber montado todo el zancocho este y acabar hablando con una psicóloga medio chalada sobre si soy o no soy un tío especial. Es que vaya embolados que me monto en la olla. Cuando he sacado lo que tenía que sacar delante de la Cristina me he empezado a sentir como el ojete. Me ha dado por pensar que me iba a quedar lelo como el Andrés o qué sé yo. En el fondo, la tía tampoco es que me haya ayudado mucho. Me ha dicho que me calme, que es normal sentirse así a mi edad. Que en la vida las cosas van poco a poco y que tengo que ir probando cosas, sin miedo al fracaso, hasta que encuentre lo que me gusta, lo que de verdad me gusta, que se ve que muchas veces, y mucha gente, hace las cosas porque ya le está bien hacer eso y no pensar si puede haber algo mejor. Joder, pues eso, tía loca. Eso es lo que creo que me ha pasado a mí: que he ido haciendo lo que tocaba todo este tiempo y ahora no sé lo que me gusta. Lo que me jode es que a ver si después de quince años de ir haciendo lo que iba viniendo, el coco se me ha quedado frito y ahora no voy a saber lo que me gusta o lo que no me gusta. Esto no se lo he dicho, claro, pero lo he pensado, lo he pensado. Yo, después de todo esto, lo único que quería era salir de ahí e irme a mí casa, coño. Lo mismo es que me he agobiado porque aquí, con la peña esta, que o bien son unos cracks o son unos locos, no hay quien esté a su bola tranquilico. Los momentos que molan son cuando hacemos cosas y no puedo darle al coco. Aunque joder, yo es que nunca había tenido ralladas como la de hoy, no sé qué me ha pasado. A ver si es que el Andrés me ha pegado algo, o el Sergio, que como duermo con él y el tío también está de atar, que se ha quedado medio pajarito con tanto libro, me debe de haber pegado algún virus o qué sé yo.

REYTUNIX

Pues no. La tía no me ha dejado que me vaya. Lo primero que ha hecho ha sido poner una musiquita portuguesa que estaba bastante bien, daba cantidad de buen rollo, y luego ha encendido el portátil y me ha dicho “ven, vamos a buscar cosas”. He ido para allí y, ¿a que no sabes qué me ha preguntado la tía? Me ha preguntado “¿Qué buscamos?”. Yo me he quedado a cuadros, claro, porque no tenía ni idea de qué buscar. He estado un ratillo pensando y al final he escrito en Google la palabra “escritor”. El primer resultado era un artículo de la Wikipedia. Lo he abierto y lo he leído, pero no me he enterado de un carajo. La Cristina me ha preguntado entonces que qué había leído y yo le he dicho que nada. Que alguna cosa del cole, pero que normalmente no me gustan y me leo un resumen por internet o algo. Que de pequeño me leí un libro del Barco de vapor que se llamaba El rey Túnix, pero que ya no me acordaba de que iba. Y otro que se llamaba Jim Glotón, que iba de un niño que estaba cantidad de gordaco porque se ponía fino de comer, y al final tenía que hacer no sé qué y dejaba de comer y se ponía flaco. Esos son los dos libros que recuerdo haber leído. Échale huevos. La tía se ha quedado flipando un rato, debe de haber pensado que soy un cazurro integral y que con el material que le he traído poca cosa se puede hacer. Bueno, no sé, no sé qué ha pensado, pero que he quedado como un cazurro integral sí, porque me ha dicho que El rey Túnix va de que si quieres algo puedes hacerlo. Que el rey está enfermo de pereza y que lo que enseña el libro es que hay que moverse y hacer cosas. Que es lo que ella me decía, que si quiero saber qué me gusta voy a tener que probar. Joder, pues sí que decía cosas el jodido libro. Yo de todo eso no me acordaba, para que tu veas. La tía esta es una crack, sí que se acuerda de cosas, ¿no? Tiene pinta de chalada, que se viste con unas ropas de unos colores que tiran para atrás, pero joder, me ha dejado sorprendido que supiera de qué iba El rey Túnix. Me ha dicho que debería leer más, buscar cosas que me gusten y me ha recomendado un libro que se llama El otro barrio que dice que es de un chaval al que le gusta Extremoduro y la lía parda un día. La tía lo ha buscado por internet y lo ha encontrado en pdf. Me ha dicho que me lo imprimía, pero que no dijera nada, y que lo hacía con la condición de que me lo leyera sí o sí. Venga ya, ochenta y una páginas. Ochenta y un folios que ha impreso la tía, que ha tenido que cambiarle la tinta a la impresora y todo. Le he dicho que sí, que me lo iba a leer. A ver, qué remedio, si le debe de haber costado un pastón. He salido de allí y me he ido a la habitación. Sé que tendría que haber vuelto con todos, pero es que no tenía nada de ganas de que la peña me preguntara.

Jimgloton

Me he tumbado en la cama y me he puesto a leer las hojas que me ha dado la Cristina. Al principio me he sentido un poco mal, porque tenía el libro del Sergio en la mesilla, que en verdad no es que le haya hecho mucho caso, y eso que dije que me lo iba a leer por mis cojones cuando me enteré de que se lo había leído todo el mundo, pero mira, cosas que pasan. El que me ha dado la Cristina también empieza guay y me ha enganchado un poco más. El tío que cuenta la historia también habla más o menos como yo. A ver, es más fino. Es más fino hasta que el inicio de El guardián entre el centeno, pero a mí me ha enganchado más porque dice no sé qué de un abogado y los nombres son en castellano, que es que yo, cuando veo algo en inglés ya huyo. Soy así de gilipollas.

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Al rato de estar leyendo ha venido la Nerea y me ha preguntado que cómo estaba. Le he dicho que bien y me he acojonado un poco. Pensaba que me iba a caer un broncote por haberme petado las actividades de la mañana, pero la tía me ha dicho que estuviera tranquilo. Que en un rato íbamos a comer y que si me preguntaban y no quería decir que había estado con la Cristina que dijera que no me encontraba bien y que ella me ha mandado a la habitación a descansar. Hostia, de puta madre. He hecho eso, porque la Carla y la Alba me han preguntado que qué me ha pasado y yo he dicho que me encontraba chungo y se lo he dicho a la Nerea y me he ido a acostar, que debí de coger frío en el cine. La Carla me ha frotado el brazo y la Alba me ha dado un abrazo y un beso, que yo me he quedado a cuadros. Menos mal que no estaba chungo de verdad porque si llego a estarlo seguro que la tía lo engancha. Al final de la comida la Nerea ha venido a preguntarme que cómo me encontraba y que qué quería hacer, si volver a la habitación o hacer las actividades. Yo le he dicho que me volvía a la habitación. La verdad es que no me apetecía ponerme a dar saltos o lo que sea que fuéramos a hacer. He subido y me he puesto a escribir esto. En un rato bajaré, a ver si juegan al fútbol y me pego unos chutes un rato. Por la noche quiero leer un poco más del libro de la Cristina. La verdad es que engancha cantidad.

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