SUMMERCAMP – Día 11

Playa_BDN

Diario, ha llegado el lunes. He bajado a desayunar con las mismas ralladas de ayer, aunque resignado. A ver, ¿qué voy a hacer? Ya sólo me quedan cuatro días para volver a estar en Badalona y ver a la Vanesa y hacer lo que me dé la gana. Tampoco es que esto sea una tortura, que me distraigo con los juegos y eso, aunque hay cosas que me toquen las pelotas. Hoy el comedor era un no parar de recordar cosas de ayer, aunque yo he estado muy callado. Todos me han preguntado que qué me pasaba. La verdad es que hemos hecho una piña muy guapa entre los que nos hemos conocido aquí: la Carla, la Alba, el Héctor, incluso el Andrés y el Sergio. Sé que vamos a seguir manteniendo el contacto después del summercamp. Tenemos un rollo como de mejores amigos del cole, supongo que es porque han sido muchas horas juntos. La Alba, al bajar a desayunar, me ha pasado el brazo por el hombro; el Héctor me ha chocado el puño; el Andrés me ha dado la mano; y la Carla siempre te sonríe y te dice “bon dia, guapo”. Les he contado lo de que echo de menos mis cosas de Badalona, y les he hablado un poco de la Vanesa. El Sergio sí que sabía de ella, pero con los demás no ha encartado decirlo antes. No es que fuera un secreto, es que no ha salido hablar. Las niñas son las que más se han sorprendido y me han preguntado si la Vanesa era mi novia. A los demás les ha dado bastante igual. Los tíos se han dedicado a decirme que no me ralle, y las chicas a decirme que disfrute estos días, que es muy guay habernos conocido y que para estar en Badalona y con la Vanesa tengo todo el verano. Que estos cuatro días que quedan tengo que disfrutar a muerte, que ninguna de las cosas que hago aquí las puedo hacer en Badalona, y todo eso. En verdad tienen razón, la tías siempre lo ven todo más claro. Son más listas, joder, aunque nos joda. Son más listas.

Stampida

Como andaba chafadillo, al acabar de desayunar la Alba me ha dicho que tenía una cosa para mí y que si subía con ella a la habitación me la daba. Yo me he quedado muy extrañado pero como me lo ha dicho así, tan seria, pues he subido. Me ha sentado en la cama y me ha dicho que quería darme esto el último día, pero que como hoy estoy un poco triste pues a ver si así me animaba. La tía me ha regalado una foto de Port Aventura de esas de las atracciones. Es una foto de la Stampida en la que salimos ella y yo juntos, al lado, y la verdad es que estamos muy graciosos. Joder, yo ni me pispé de que la tipa la había comprado. Qué detallazo. Me ha echo un montón de ilusión. Me ha dicho que me la regala para que no me olvide de ella y de los días que hemos pasado aquí. Y yo me he quedado cantidad de parado, no sabía qué decirle. Le he dado las gracias con una cara de lelo que tiraba para atrás, y ella me ha dado un abrazo y yo le he dado dos besos. Joder, en serio te lo digo, no sabía qué hacer ni qué decir. Creo que es la primera vez que alguien me regala algo por que sí, sin que sea Navidad, o mi cumpleaños, o alguna fiesta de regalar. Puff, ahora me siento en deuda con la Alba. La verdad es que es con la que más he hablado estos días, y es una tía cojonuda. Es pija, bueno pija, que se le nota que no se tiene que preocupar por nada, que la tía maneja y ha hecho cosas en la vida, pero no es una estirada, ni te mira por encima del hombro, ni nada. Es una tía muy guay, la Alba.

hamburguesaca

Después del desayuno nos han puesto a hacer pinta y colorea con fotos que nos hicieron los profes ayer. Qué cabrones, nos hicieron fotos durmiendo y todo, los muy cerdos. Hay fotos que molan bastante: haciendo el capullo mientras hacíamos cola, hasta arriba de agua después del tutuki splash, comiendo… Por cierto, ayer me comí una hamburguesaca en el Far West que se te va la olla. Le hice fotos con el móvil, que ayer nos dejaron tener el móvil todo el día por si nos pasaba algo. Menos mal que yo lo llevaba en una bolsa de plástico, porque a alguno se le mojó cantidad y hoy casi no le furula. Bueno pues eso, que los profes nos han pedido que hagamos otra exposición con las fotos que nos han dado y tal. Cuando iba a empezar a recortar ha venido la Nerea y me ha dicho que fuera con ella. Hala, ya la hemos liado. La tía me ha sacado a parte y me ha preguntado que por qué no quería hablar con la Cristina, la psicóloga. Me ha dicho que no era nada malo hablar con ella, que no estaba aquí por nada malo, que sólo la han traído porque como a esta edad tenemos que decidir muchas cosas pues nos puede ayudar y darnos información. Joder, yo me he quedado planchado. Vaya jugarreta. No he sabido muy bien qué decirle, así que lo que me ha salido es que no es que no quisiera hablar con ella, pero que estaba jugando a pichi y me lo estaba pasando bien y, claro, yo lo que quería era seguir jugando en lugar de estar ahí hablando con ella. La Nerea que, como es una tía, es más larga y más lista que yo, me ha dicho que porque no íbamos a hablar un rato con ella ahora, que ella ya se había dado cuenta que a mí esas cosas de plástica no me molaban mucho. Venga pues vamos, qué remedio, tampoco tenía mucha más opción. Me han llevado a otra sala, una cantidad de tocha con sofás y una mesa baja y máquina de café y de todo. Había hasta ceniceros, debe ser la sala que usan los profes para estar ellos, porque había papeles y un portátil y cosas de curro y tal.

Cuando hemos entrado la Cristina se estaba tomando un café y fumándose un piti. Que la tía lo ha apagado de golpe y ha llevado el cenicero a un cuartito, supongo que sería un lavabo por lo que he visto. Lo que me ha dejado de piedra es que la Nerea se ha quedado también con nosotros. Yo me he sentado en un sofá y ellas en otro. La Cristina me ha preguntado si hoy tenía más ganas de hablar y le he dicho que sí, que hoy estábamos haciendo plástica y eso no me importaba perdérmelo. Me ha pedido perdón por si el otro día me hizo sentir mal, que ella no sabía que estaba jugando a pichi y todo eso, en fin, que se ha pegado el rollo para volver a hacerse la tía guay. La Nerea ha empezado a decir que a mí me gustaba mucho el deporte, que siempre jugaba a fútbol y que en la escalada y el rápel y las kayacs y todo eso me lo pasé muy bien. Entonces va y suelta la Cristina que quizá tenían delante a un profesor de educación física. Mira, qué patinazo, hija. En serio, lo quieres hacer a posta y no te sale. ¿Yo, profe de educación física? Y una mierda. A ver si estudiando eso me voy a quedar igual de gilipollas que el notas que nos da gimnasia en el cole, que es un subnormal que no hay quien lo trague. No, no, yo profe de educación física no. Me han preguntado por qué y como no sabía qué decirles les he dicho la verdad: que el profe de educación física de mi cole es un pringado y que yo no quiero ser como él. Las dos se han echado unas risas y me han dicho que eso no tiene nada que ver; pero yo que no y que no.

diario1

Entonces la Nerea me ha preguntado que yo qué quería ser de mayor. Toma, puta madre: ésta me la sé. Les he dicho que yo ahora iba a empezar el bachillerato social y que luego me sacaría el carnet de conducir y el del taxi y me iba a meter de taxista. Que estaba muy guapo porque ibas a tu bola para arriba y para abajo con el coche, con tu música y tu aire acondicionado y que eso molaba cantidad. Las tías se han quedado flipando y yo me he quedado la hostia de tranquilo. Pero entonces la Nerea ha dicho que a mí me gustaba escribir, y que si no había pensado en hacer algo de eso. Yo me he quedado helado. ¿Qué es eso de que a mí me gusta escribir? ¿A mí me gusta escribir? La Nerea ha seguido diciendo que era el único que escribía cada día en el diario, que hasta mi compañero de habitación se había fijado. Qué hijo de puta el Sergio. Menudo cerdo, vaya la que me ha liado. Así que les ha ido a los profes con el cuento de que escribo, en plan chivato. Y, espérate, ¿qué es eso de que soy el único que escribe todos los días? Vamos, hombre, no me jodas. Si nos habían dicho que teníamos que escribir. ¿Los otros no lo hacen? Qué mamones. Me he empezado a poner un poquillo nervioso. Me han dicho que me calmara, que era fantástico lo que estaba haciendo, que escribir ayuda mucho a poner los pensamientos en orden y eso ayuda a entender las cosas. Yo les he dicho que yo escribía porque es lo que nos habían dicho, que yo no escribía para entender nada, que yo no entendía la mitad de cosas de las que escribo. Que no sabía ni cómo se hacía eso de escribir un diario, que no lo había hecho nunca. No sé bien, bien, con qué cosa de las que he dicho se han quedado más flipando, creo que con la última, con la de que no lo había hecho nunca, porque me han preguntado las dos, varias veces, si de verdad era el primer diario que escribía. Yo les he dicho que sí y me han dicho que entonces, si había sido capaz de escribir durante diez días seguidos en el diario, era que escribir me gustaba. Hombre visto así… La verdad es que yo empecé a escribir porque me lo mandaron, quiero decir, que a mí no me hubiera dado por pedirle una libreta a nadie ni ponerme por mi cuenta a escribir, pero la verdad es que no me ralla. Y supongo que tienen razón con eso de que escribir las cosas hace que se ordenen. La movida del taxi, por ejemplo: como la he escrito un par de veces pues me la he aprendido guay. Es como cuando estudias para un examen y te haces un resumen o un esquema. Lo ves más claro y luego lo burlas más. He estado un rato callado pensando y, hostia, pues sí. Al final les he dicho que sí, que escribir no me rallaba. Me han pedido ver el diario y les he dicho que ni de broma. Esto no se lo enseño yo a nadie, que voy a quedar como un puto moñas. Me han dicho que por qué no les escribo algo, para que ellas puedan decirme si es bueno o no. Y que no me preocupe, que aunque me haga taxista escribir es una cosa que siempre se puede hacer. Pues claro, chalada de mierda. A ver si te crees tu que yo soy idiota. Que escribir siempre se puede hacer, dice la loca. Como si los únicos que tuvieran dedos fueran los escritores, no te jode.

En fin, que les he dicho que sí, que ya vería si les escribía algo, porque se han puesto muy pesadas pidiéndome que les escriba algo bien, o sea, que no fuera una mierda. Supongo que no se deben fiar mucho de mí y quieren comprobar si de verdad escribo o no. Eso o que se quieren echar unas risas a mi costa. Todavía me estoy pensando lo de escribirles algo, porque a la hora de la comida los chavales me han preguntado que dónde he estado toda la mañana y les he contado la movida. Todos menos el Sergio se han quedado flipando de que escribiera todos los días. Qué cerdos, de verdad. Ahora voy a ser un niño loquito como el Sergio. Va a parecer que el mismo número de horas que él se pasa leyendo pues yo me las paso escribiendo. Yo venga a decirles que yo escribía porque nos lo habían mandado, que no es ninguna chaladura que me haya dado a mí así de golpe. Y las niñas diciéndome que no, que, en verdad, estaba de puta madre que escribiera. Y que sí, que me animara a escribirles algo. La Alba me ha estado diciendo que podría estudiar alguna carreras de letras, o hacer el bachillerato humanístico, que es mejor que el social si lo que me gusta es escribir. Pero yo venga a decirles que no, que yo qué sé, que yo no sé si lo que me gusta es escribir o no, que yo lo hacía porque nos lo habían mandado. Y mira, al final, el Sergio se ha puesto todo burro y me ha dicho “mira: tú escribes, y punto. Y si escribes y no te rallas es que te gusta. No sabes cómo, ni sabes por qué, pero te pones a escribir y se te olvida el mundo, o te montas otro mundo, que es lo que me pasa a mí cuando leo. Lo hago, no sé cómo ni por qué, pero lo hago y no puedo dejar de hacerlo. Si quieres escribirles la redacción, o lo que sea, se la escribirás y sino, no. Si te pones a escribir y algo te gusta entrégaselo. Total, ¿qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que te digan que no vales para escribir? Bah, ¿qué más te da, si tu quieres ser taxista?”. Joder con el chaval, qué don de palabra. Pues eso haré. Si me sale algo bien, y si no pues también.

Badminton

Por la tarde hemos jugado a voleibol y a badminton. No nos ha acabado de molar mucho a ninguno y al final les hemos pedido que nos dejaran jugar al fútbol. Las tías se han puesto de nuestro lado y hemos acabado jugando todos. Hasta el Sergio, que había que ver al chaval, que tiene las patas de madera y no sabe ni andar con el balón, vaya patata. Después hemos seguido jugando los de siempre. He hablado con la vieja, que ya se vuelven el miércoles de Mallorca. Le he contado a la Vanesa la movida del diario y me ha dicho que a ver si se lo dejo leer o le escribo algo a ella. La vieja igual. Y hasta la abuela. Joder, si lo llego a saber no cuento nada. La vieja ya me ha empezado a llamar escritor, y la abuela poeta. Te cagas. Vamos hombre, poeta: qué cosa más maricona. La que se ha cortado un poco es la Vanesa, que creo que es la única que más o menos lo ha entendido. Bueno, y los chavales de aquí, que la verdad es que se lo han currado mil. Hasta el Sergio, que lo que ha dicho ha sido de puta madre. Pues eso, que de momento sigo escribiendo el diario, porque es verdad que no me ralla hacerlo. Ya veré si me sale algo para las muertas estas. Total, tampoco quedan muchos días y, como me ha dicho la Alba, hay que disfrutarlos a muerte. Tampoco me voy a rallar.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s