SUMMERCAMP – Día 8

foixarda

Diario, hoy ha sido un día raro. Es viernes, pero todos teníamos la sensación de que era lunes, después del día de excursión de ayer. Además, ha habido un ambiente especial entre todos. Supongo que después de ayer hemos hecho más confianza y hay un buen rollo general. El Andrés, por ejemplo, ha bajado silbando a desayunar y ha estado hablando de ayer, de cómo le moló haber hecho rápel y escalada. No paraba de decir que quería repetir, que si a eso uno se podía apuntar o cómo iba. Nosotros no teníamos ni idea, pero la Carla le ha dicho que sí, que había algunos grupos y algunos rocódromos, que es como lo que fuimos ayer (lugares donde han puesto piezas especiales en la pared para poder escalar) por Barcelona y alrededores. Le ha dicho que hay uno en Montjuic que se llama La Foixarda o algo así, y que ella ha ido varias veces. Con razón iba tan suelta la tía, si es que es toda una experta. De todas formas, el cambio más hardcore ha sido con la Alba. La tía se ha sentado a mi lado y ha estado todo el desayuno diciéndome cosas. Nada especial, sólo que he notado que la relación, no sé cómo decirlo… se ha estrechado. Quizá es cosa mía, pero no creo. Cuando se reía de algo que decía me tocaba, y eso antes no lo hacía. La Carla también estaba más cercana, pero de otra manera. El Jordi y el Jesús no se han sentado con nosotros, pero sí que han venido después de desayunar a pasearse un rato delante de ellas, y las tías los han saludado sin demasiada pasión dejando a los tíos un poco chafados. El Jesús le ha preguntado a la Alba si luego iban a tocar un rato, por la tarde, y la Alba ha dicho que ya vería, pero ha aprovechado para pedirle la guitarra, a ver si se la podía dejar porque tenía una melodía en la cabeza y quería ver si la sacaba. El tío, muy bien jugado, le ha dicho que a lo mejor podían sacarla juntos, pero ella le ha dicho que no, que prefiere hacerlo sola. El tío se ha quedado planchado y sin saber muy bien qué decir. Yo he sabido perfectamente lo que estaba pensando el Jesús en ese momento: “mujeres, no hay quien las entienda”.

muellespapel

Por la mañana nos han llevado a hacer pinta y colorea otra vez, pero es verdad que no ha sido nada de pintar palos, ni tablas, ni nada de eso. Han traído un montón de fotos impresas de nosotros haciendo las actividades de ayer, y fotos del bosque y de animalillos y tal, y unos textos con las cosas que nos explicaron ayer de los animales y nos han dicho que hagamos unas cartulinas para colgarlas en la pared. Era una especie de “explica lo que has aprendido”, mezclado con una exposición de esas que hacemos en el cole a final de curso, con fotos nuestras y tal. Mira, lo de la exposición ni tan mal, porque sólo era pegar fotos y ya está. Bueno, ya está no, que la Alba nos ha empezado a decir que podríamos hacer tirabuzones de papel y muelles de cartulina y no sé cuántas cosas más. Total que la tía nos ha puesto ahí a explicarnos un montón de cosas y a decirnos tú haces esto, que se hace así; tú esto otro, que se hace asá… y eso hemos hecho. De mientras la Carla se ha puesto a hacer lo de los animales con el Sergio. Menos mal que ella le prestó atención y se acordaba de las cosas porque si llega a ser por mí lo de los textos se queda por hacer, que ayer no me enteré de un carajo. El Sergio también se acordaba de todo. En verdad este chaval, con todo lo raro que es, tiene una capacidad de quedarse con las cosas de espanto. El tío está al quite de todo, es cantidad de observador y se acuerda de los detalles con una precisión que flipas. A veces da miedete, en verdad es una cosa muy de asesino en serie, de niño rarito, aunque él está cantidad de orgulloso de no perder prenda de nada. Luego tampoco es que cuente nada, que ya sabemos que el chaval es devoto de Mudito, el enano que no habla, pero bueno, cuando alguien pregunta algo que es de recordar y alguien lo dice mal él lo corrige y luego se le ve que por dentro se está montando una farra con champán y de todo de la felicidad que le ha dado tenerlo todo registrado en su coco. Bueno, yo creía eso, porque en una de estas, y fruto del buen rollo generalizado que teníamos hoy, le he dicho: “Ostras, Sergio, qué pasote. Cómo te acuerdas de todo, tío”. Y el tío me ha mirado y me ha dicho que sí, que estaba muy orgulloso de su memoria, que era una de las cosas que más le gustaba. Pero luego me ha dicho que, a veces, también era un poco tortura, como el libro de uno que se llama Borges, creo, y que escribió un cuento de un tío que lo recordaba todo y al final se muere de la chaladura que le da, o algo así. Yo siempre he dicho que a mí no se me olvidaba nunca nada, pero no me había planteado si recordar era bueno o no, aunque sé de lo que habla. A veces me acuerdo de cosas que preferiría haber borrado de la cabeza. Algunas movidas con el viejo antes de que se largara de casa y nos dejara tranquilos a la vieja y a mí; momentos en los que la vieja no era la vieja, sino una bola de lágrimas y mocos; y esas cosas. Tiene sentido la frase esa de “hay que saber olvidar”, eso es… hay que saber, porque sino te comes cada marrón añejo que lo flipas colorines, que el pasado es muy puta y te coge y no te deja caminar para adelante. Qué jodido el Sergio, cómo ha sabido expresar de bien todo esto. El tío ha dicho “a veces es una tortura” y mira, a mí me ha venido todo esto sólo. Yo no me lo había planteado muy del todo, pero lo he entendido perfectamente. Ahora lo de “a buen entendedor pocas palabras bastan”, que siempre dice la abuela, acaba de coger más sentido.

manualidades

Mientras estábamos ahí, recorta que recorta y pega que te pega, ha venido la Cristina, la psicóloga, y se ha ido llevando a otros chavales. Se ha llevado un rato al Jesús y otro rato al Jordi, que los de su grupo se han cagado en todo, porque el Jordi se estaba currando unos dibujos de la parrísima en las cartulinas. En verdad su exposición ha quedado tope de chula. La nuestra ha quedado un poco rara. Tenía cosas guays, pero hemos pegado muchas cosas en un lado y el otro nos ha quedado pobre. Es que, a los chicos no se nos puede poner a hacer estas cosas de plástica. Bueno, al Jordi me imagino que sí, pero es que ese chaval es un artista. Nosotros éramos el Andrés, el Héctor y yo: vaya panda. Aunque la Alba nos organizaba el curro y tal, ella se había liado a hacer unas letras guapas en la cartulina y cuando ha visto lo que habíamos hecho ya era tarde para cambiarlo. Me ha sabido mal por ella, porque sé que le hubiera gustado hacerlo de otra forma. Yo le he dicho que los chicos para estas cosas somos muy tonticos y la tía se ha reído y me ha dicho que no, que no, que estaba bien. Las tías siempre saben como hacerle sentir bien a uno, ¡qué jodidas! Ah, pero espera, que me pierdo: pues eso, que la psicóloga se ha llevado al Jordi y también al Jesús y yo me he quedado flipando, porque yo a los tíos estos los veía bastante cuerdos, no les he visto ninguna chaladura rara ni nada de eso, así que cuando hemos acabado les he preguntado que qué les ha dicho la psicóloga. Los tíos me han dicho que nada, que les ha preguntado cómo se lo estaban pasando y qué iban a hacer el año que viene y qué querían hacer en la vida y todo eso. Joder, joder… si me pregunta eso a mí me pilla, que yo tengo ni idea de qué hacer con la vida. Los tíos me han dicho que la tía les ha sacado unos folletos de cosas donde estudiar y de cosas para hacer. Al Jordi le ha hablado de unas becas para estudiar dibujo en Francia, en una escuela que es especial para dibujar cómics y tal, que él ya las conocía, pero bueno. O sea, que la pava ha ido del buen rollo, y lo más importante, los chavales no están girados de la cabeza, o al menos eso dicen ellos, que lo mismo me están engañando y también son unos perturbados mentales, y, ahora que las niñas pasan un poco más de ellos, a ver si se van a liar a palos con nosotros o algo así, que con los locos no se sabe nunca. Ahora me he quedado con la duda de si están sanos de la azotea o no. Me cago en dios, para ser viernes, qué forma de pensar y comerse el tarro me está dando la peña del summercamp…

Hemos comido, de primero, pasta con verduras y, de segundo, hamburguesa. La pasta estaba buena, llevaba calabacín y una salsita que no sé muy bien que era pero que estaba de vicio. El Héctor se ha vuelto a poner hasta las cejas de pan. Este chaval explota, te lo digo yo que explota. Así que los profes han vuelto a venir a la mesa. Joder, qué sincronización. Lo mismo es que le han puesto una alarma a la panera y cuando el gordaco le echa mano pita y vienen en modo policía. Le han preguntado que cómo iba, que si se acordaba del trato y eso y el chaval se ha quedado un poco más cortado que la otra vez. Tampoco podía decir que ha hecho deporte, como él llama a quedarse de pie debajo de la portería, porque llevamos dos días sin jugar a fútbol. Así que se ha quedado bastante chafado. A mí me ha dado pena, que es lo que decía no sé quién: que sí, que el Héctor es un gordaco, pero es nuestro gordaco. La pasta estaba buena y la hamburguesa estaba hecha a la plancha. Joder, dejad al chaval que disfrute, hombre. Pero mira, le han amargado la comida. De postre nos han dado un heladito de esos que vienen mitad de vainilla y mitad de chocolate, así, como en una tarrina pequeña tipo yogur, y el tío no se lo ha cogido. Ha dicho que no quería, que no le apetecía y no tenía más hambre. Joder, era para verle la cara. Parecía que se le hubiera muerto el perro. Pero bueno mira, el chaval le ha echado huevos y voluntad. A ver cómo le va.

correr

Por la tarde hemos estado haciendo juegos: el pañuelo, pichi y matar. Pero la psicóloga ha venido y ha seguido hablando con alguno de nosotros. Al final me ha tocado a mí también. Me ha preguntado que cómo me lo estaba pasando y le he dicho que bien. Me ha pedido que le cuente cosas que me gustaban y yo… joder, yo no quería estar allí, hostia. Yo quería seguir jugando a pichi, así que no le he dicho gran cosa. Que sí, que estaba todo bien y ya está. Pero la tía pesada me ha salido con lo del pollo que lié el día después de currar en la cerca. Y me ha vuelto a sacar el tema de los tacos. Y venga a preguntarme que si estaba enfadado, o si creía que el summercamp podía mejorar en algo. Y yo diciéndole que hombre, que esto es un summercamp, que no puede ser que nos hagan currar como si fuéramos negros. Que si querían una cerca que se la pagaran ellos, que el estar aquí ya es una pasta, seguro, para que encima nos hagan pringar y arreglarles el chiringuito. Y entonces la tía me ha estado preguntando que por qué creía yo que nos habían hecho hacer la cerca y no sé qué movidas más. Yo me estaba cagando en la puta, porque yo quería ir a jugar en lugar de estar hablando con esa señora que no conocía de nada. Y mira, al final me he hartado y le he dicho si me podía ir ya a jugar, que éramos pocos en el equipo e íbamos a perder. Que no sabía para qué nos habían hecho hacer la cerca, pero que seguramente era porque querían tener una cerca y les hemos venido de lujo, porque nosotros curramos por un plato de comida, y eso es barato de cojones. La tía se ha quedado flipando un poco y me ha dicho que, si ahora no me venía bien, ya hablaríamos otro día. Hostia, tú, qué fácil. Pero qué putada… ¿otro día? Me ha dicho que estaba muy interesada en conocer mi opinión sobre el summercamp, que les iba a venir muy bien para mejorar futuras ediciones y que contaba conmigo. A mí me ha dado la sensación de que la tía estaba chalada perdida. No me he creído nada, hombre. Esta lo que quiere es liarme, que seguro que me monta algo para que deje de decir tacos, o qué sé yo. En fin, que me he ido de allí y ya habían acabado de jugar. ¡Vaya mierda! Bueno, al menos hoy hemos jugado al fútbol. Yo estaba con la rabia dentro después de la charla con la psicóloga y he jugado a tope todo el rato, que me cabreaba cuando nos marcaban, o fallaba un gol, o alguien no la pasaba. Cuando la gente se ha ido yo quería seguir jugando, pegarle chutes a la pelota, o tirar piedras. Estaba con la rabia dentro todavía, así que como nadie quería jugar más, y me he quedado solo, me he puesto a dar vueltas al campo corriendo, que eso va bien para despejar la mente, que lo dicen un montón de médicos y deportistas. Ha venido el Guillermo a buscarme diciéndome que ya era la hora de la cena. Hostia ¿ya? No me había ni duchado, que les debo de haber tumbado con la peste a sudor que echaba. Al acabar de cenar me he duchado y me he puesto a escribir esto. Ahora llamaré a la vieja y hablaré con la Vanesa, que me ha mandado fotos de ella en la playa con su vieja. En fin, a ver si consigo dormirme hoy, que me han faltado todavía unas vueltas para quedarme tranquilo del todo.

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