SUMMERCAMP – Día 4

coctel_san_francisco

Diario, ayer después de cenar el Guillermo se puso a hacer unos virgin cocktails, como él dijo, o sea unos cócteles sin alcohol con zumos de fruta y grosella y blue tropic y de todo. No estaban mal. Íbamos todos con unas copas así grandes de un montón de colores. Aquello parecía la fiesta de la Titanlux. El Guillermo ponía azúcar en el borde de la copa e íbamos todos lamiendo el vaso que parecíamos lelos. Así echamos el ratillo, hablando y bebiéndonos el arcoiris multisabor que nos había preparado el Guillermo. El Sergio no. Él no, él se subió al cuarto a leer. Menudo muerto. Todos venga a decirle “vente, hombre, vente, que hoy has sido protagonista y la gente se querrá hacer fotos contigo y preguntarte cosas”, pero que va. El tío que no. Que quería leer. Pues hala, tú sabrás. Cuando subí a la habitación el tío aún estaba dándole al tema. Yo le he empezado a contar que había estado hablando con la Alba y la Carla, que la hippy me había querido sacar a bailar y yo que no, que no, y que al final, con la ayuda de la Alba, me han sacado y he tenido que hacer el capullo un rato mientras las tías se reían en mi jeta… pero el tío como si nada. Al final le he preguntado si me estaba escuchando y el tío me ha dicho “perdona, estaba absorto en la lectura”. Absorto. Ha dicho absorto. Chalao, hombre. Lo que está es chalao con la lectura.

A la mañana siguiente he bajado temprano a desayunar y le he preguntado a la Nerea que qué quería decir absorto. Me ha dicho que es cuando te entregas mucho a alguna cosa, cuando pones toda tu atención. Yo no se lo he dicho, pero ayer como el muerto del Sergio no me hacía ni caso me metí en la cama y me puse a whatsappear con la Vanesa. La tía se ha puesto de perfil la foto que me mandó de Lloret, en bikini. Joder, qué peras. Eso sí que es para quedarse absorto. Cuando la Alba y la Carla han bajado a desayunar y me han visto ya se han puesto a reír. Han estado imitándome un rato el baile que hice ayer y yo entre muerto de vergüenza y haciéndome el loco. Después de desayunar y de la charla de por las mañanas, en la que nos explican lo que vamos a hacer, nos han llevado de excursión a una explanada del campo. Hemos andado como cuarenta minutos o así. Yo he ido hablando con el Héctor y la Alba y la Carla; y el Sergio y el Andrés han ido juntos todo el rato. Se han venido también el Jordi y el Jesús y se han puesto a hablar, sobre todo con la Alba y la Carla, de música y de portadas de discos y no sé qué más. A mí me ha tocado un poco la polla porque el Héctor y yo nos hemos quedado un poco de lado y como el chaval está gordaco y resuella pues no habla mucho y ha sido bastante rollo hacer la última parte del camino así. Al llegar hemos jugado a un juego de conseguir pañuelos: cada uno se ponía un pañuelo en la parte de detrás del pantalón, como si fuera la cola de un burro, y luego pues tú, de frente, mirándole, tenías que quitárselo al otro e intentar que el otro no te lo quitara a ti. No quieras ni saber lo solicitada que ha estado la Carla. Y eso que nos han dicho que, obviamente, no nos podíamos tocar, pero en fin… Al final ¿sabes quién ha ganado? El Héctor, que cómo el tío está ancho, que sale más cuenta saltarlo que darle la vuelta, pues nadie ha podido quitarle el pañuelo del culo y eso era como lo que más puntos valía. El chaval se ha puesto contentísimo y se ha pasado toda la mañana con una sonrisa de oreja a oreja. Olé por él, qué coño. Luego hemos estado haciendo unos juegos con unos globos de agua y unos cubos, que nos hemos puesto todos empapadicos.

Después hemos vuelto a caminar un rato y hemos ido como a un cobertizo. Allí nos han puesto en grupos de seis y nos han dado dos listones de madera con unas cuerdas para poner los pies, así que íbamos los cinco montados en los tablones con los pies cogidos, por lo que teníamos que caminar a la vez. Nos han dicho que eso era esquí de payés. Yo no lo había oído en mi vida, fijo que el Guillermo se ha inventado el nombre de la actividad para hacerse el fashioneti. Bueno, que nos han puesto ahí y a cada uno de los cinco nos han dado un vaso de plástico hasta arriba de agua y al otro, al que no cabía en los esquís, le han dado un mapa mega de cutre para poder llegar al casoplón donde estamos y hala, venga todos para allí. El grupo que llegara con más agua en los vasos ganaba. Hemos puesto al Sergio con el mapa y la Alba, la Carla, el Andrés, el Héctor y yo en los esquís. La movida era que, además de caminar a la vez, te tenías que coger a la camiseta del de delante con una mano y con la otra coger el vaso, pero como era de plástico y estaba muy lleno tampoco podías apretarlo mucho porque se salía. No era fácil la cosa, eh. Cuando estábamos llegando, que nos ha costado la hostia llegar porque girar el puto esquí era imposible, no llevábamos ni la mitad de agua en los vasos. Hemos dicho que eso se arreglaba echándole un gapo, lo que viene siendo un escupitajo, vamos, y moviéndolo con el dedillo para que no se note la espuma. A la Alba y a la Carla les ha dado bastante asco. Y hasta al Sergio, que para ser tío es la hostia de finolis el chaval. El Andrés no decía nada y antes de que decidiéramos si sí o si no, el chaval ha echado un escupitajo en su vaso que poco más y lo desborda. ¡Qué burro el tío! Se ve que el chaval se ha puesto a salivar desde que hemos empezado a hablar y ha ido haciendo saliva como para llenar una botella de CocaCola de dos litros. Nos hemos partido la caja, pero nos ha dado tanto asco que hemos pasado de hacerlo nosotros. Cuando hemos llegado ya nos estaban esperando desde hacía rato. Se ve que nos hemos regalado la hostia y hemos ido a comer cantidad de tarde y todo. No hemos ni mirado quién había traído más agua en los vasos.

vaso plástico

Hoy nos han dado de comer pasta de colores con atún y mayonesa y después una pata de pollo. No estaba malo, aunque los otros días la comida estaba más currada. Se nota que es lunes de agosto y las cocineras deben de estar harticas de currar con el calor. Se entiende, a ver, normal. Debían de andar muy despistadas porque de repente han traído a la mesa donde estábamos nosotros una jarra, como las de hierro de agua que traen siempre, pero ésta tenía premio, porque en lugar de agua tenía vino. Al principio nos hemos quedado flipando, pero al final nos la hemos bajado entre los seis. Bueno los seis… el Andrés no bebe, que se ve que se toma unas pastillas para lo suyo, y el Sergio no ha bebido tampoco. Así que entre la Alba, la Carla, el Héctor y yo nos hemos bebido la jarra, que luego llevábamos una gustera y un calorcico en el cuerpo que para qué. Nos ha entrado la risa tonta y nos ha durado casi hasta media tarde. Ha sido una risa total. Después de comer hemos ido a ver quién había ganado la prueba de los esquís de la mañana y nosotros hemos perdido. Nos han dicho que como penyora teníamos que hacer un desfile o pase de modelos para los que habían ganado. ¡Buah! Nosotros venga a reírnos, pero yo en verdad me estaba cagando en la puta: ¡Qué vergüenza! El Guillermo nos ha llevado a un cuarto en el que había un montón de disfraces y cosas de carnaval y nos ha dicho que nos disfrazáramos cinco y que otro se dedicara a explicar lo que llevábamos puesto. El Sergio de seguida ha dicho que él no se disfrazaba, que él se ponía a explicar, pero como de las cosas de ropa que había casi ninguna le venía al Héctor pues hemos cambiado y hemos disfrazado al Sergio, que entre la ropica que le hemos puesto y la cara de muerto que tiene estaba el chaval que tumbaba para atrás. La Alba, la Carla, el Héctor y yo, entre el vino y las pintas, venga a reírnos. Sobre todo con el Andrés, que el chaval no dice nada pero déjalo hacer: se ha puesto unas gafas de mosca y unas mallas encima del pantalón que llevaba y una falda como de ballet y una camiseta mega cutre y cuando lo hemos visto es que no hemos podido parar de reír. Estaba el chaval como para salir a la calle. Lo encerraban fijo, vamos. Yo me he venido arriba y he querido salir el primero. Había que desfilar por encima de unos bancos y al salir corriendo y saltar el banco se ha caído y yo me he pegado el talegazo del mil. La peña se ha estado partiendo de mí lo que ha quedado de día. Como aún íbamos calentitos del vino no me he hecho daño en el momento y me he partido la caja yo también, pero ahora tengo un moratón en el muslo que parece un obispo. En fin, eso me pasa por flipao, si es que a veces soy subnormal. Hemos desfilado con la música y la peña venga a partirse la caja, y nosotros pues también, a ver, que es lo que nos decía el Guillermo: que no hay que tener vergüenza y hay que aprender a reírse de uno mismo. Al final le hemos sacado una capa y unas plumas y unas cosas de disfraces al Héctor y lo hemos hecho desfilar. El chaval llevaba un paso súper orgulloso y no paraba de reírse y sonreír. Yo me he puesto a desfilar haciéndome el cojo después del talegazo que me he dado y el chaval me ha cogido a caballito y ha estado dándome vueltas un montón de rato. Hoy ha sido el día del Héctor. Estaba eufórico.

Después hemos ido a jugar a fútbol. El Guillermo me ha puesto trombocid o réflex en el muslo, no me duele mucho, así que sin problema. Hemos cenado gazpacho y pescado rebozado y ensalada. La vieja no para de enviarme fotos de todo lo que ve en Mallorca. Me ha contado que el viaje fue muy bien, pero que son muchas horas. Que les hace muy buen tiempo, y me ha preguntado que cómo me lo estaba pasando, que si comía bien y todo el ritual, en fin, las cosas que preguntan las viejas. También he hablado con la abuela, otra vez el mismo ritual: que si como bien, que que no haga el burro, que sea educado… La Vanesa dice que hoy ha estado todo el día en la playa con su vieja. Que se han bajado por la mañana y se han llevado la mesa y las sillas y de todo para comer. Se ve que su vieja ya no curra en el mercado, que han cerrado la parada hasta septiembre (tienen un puesto en el Maignon) y que le ha dicho que van a ir a la playa cada día. Ya me gustaría a mí ir a la playa con la Vanesa cada día: saltar las olas, darle crema y verla con el bikini a todas horas. Joder, joder… El Sergio me ha insistido en el libro que me dijo. Ves, ya sabía yo que se iba a poner en modo plasta con eso. En fin, que para que no me diera la brasa me he puesto a leer, y flipa: el libro arranca de puta madre. Me ha molado porque es como si hablara un chaval como yo, sólo que un poco más espabilado, porque se le nota que el tío sabe hablar fino y escribir bien. Pero vamos, que el chaval no es un pijo, ni un cagabandurrias, ni un estirado de esos, ni nada. El chaval va a lo que va. Mira lo que dice:

Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane.

Creo que me lo voy a leer, aunque no al ritmo del Sergio, que se ve que ya se ha acabado el primer libro y ha tenido que ir a hablar con la Nerea para que le dé el segundo. Yo no sé que se ha leído, pero era un buen tocho. El tío ahora está leyendo El quadern gris, de Josep Pla. A ese tío lo hemos estudiado en clase con la profe de catalán. También es un tocho de cuidado. Le he pedido al Sergio que me lo enseñe y tiene 748 páginas, flipa. Yo le he dicho que eso no se lo acaba hasta octubre o así, y el chaval se ha reído sin decirme nada. El chaval lee, pero yo no creo que se lo vaya a acabar. Vamos, es que es muy, muy tocho.

el quadern gris

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