RESÚMENES POR BOCA DE OTROS

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El pasado día treinta de enero, WordPress me envió el reporte anual de mi blog pero no me he atrevido a mirarlo hasta hoy. Los números son pobres y evidencian que de ninguna manera soy un bloguero al uso. Seis (6) post en un año: pura mierda. Se supone que lo óptimo es el post diario. Yo me propuse un post semanal, pero jamás lo cumplí. Lo fácil sería decir algo como “lo importante es la calidad y no la cantidad” pero además de fácil sería mentira, porque cuando abrí el chiringuito aquel dieciséis de enero de dos mil diez lo que quería era publicar a cholón —como diríamos tomando cañas— o a cascoporro —si las cañas nos las tomáramos personas muy allegadas. Así que no. El resumen de mi blog no puede ser de ninguna manera numérico, ¡pues buenos íbamos a estar! En eso andaba yo pensando, en qué había sido el blog este año, y supe que tenía que imaginármelo como un dietario de ausencias, de silencios o de cosas no contadas o publicadas (que no no-escritas). Y así se me apilaban oraciones más o menos aceptadas o aceptables para explicar este año de cosas no contadas. Como a lo que me he dedicado básicamente es a justificar mi silencio a través de las excusas de otros escritores pensaba que la cosa debía ir por ahí pero ayer, leyendo a Marías, él mismo me dio la solución con sus palabras. Esto es el resumen, mi resumen, aunque no responda únicamente a un sólo año. Mis felicitaciones para estas nuevas 365 oportunidades.

“(Callar, callar, la gran aspiración que nadie cumple ni aun después de muerto, y sin embargo se nos aconseja y se nos insta a ello en los momentos más graves: ‘Calla, calla y no digas nada, ni siquiera para salvarte. Guarda la lengua, escóndela, trágala aunque te ahogue, como si te la hubiera comido el gato. Calla y entonces sálvate’).

 En el trato, en la vida sin sobresaltos, no se dan tales avisos y quizás no debiéramos olvidar nunca su ausencia o falta, o lo que es lo mismo, la siempre implícita y amenazante repetición recta o torcida de cuanto decimos y hablamos. La gente va y cuenta irremediablemente y lo cuenta todo pronto o más tarde, lo interesante y lo fútil, lo privado y lo público, lo íntimo y lo superfluo, lo que debería permanecer oculto y lo que ha de ser difundido, la pena y las alegrías y el resentimiento, los agravios y la adoración y los planes para la venganza, lo que nos enorgullece y lo que nos avergüenza, lo que parecía un secreto y lo que pedía serlo, lo consabido y lo inconfesable y lo horroroso y lo manifiesto, lo sustancial —el enamoramiento— y lo insignificante —el enamoramiento—.”

Javier Marías, Tu rostro mañana.

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