SOMBRAS. NADA MÁS

Somos dos sombras. Dramáticas, abatidas, separadas. Eso es lo que somos física y simbólicamente. Dos sombras. Dos junto al mar azul. Dos que tan sólo un momento antes fueron Uno, y que ahora son dos: grises, desdibujados, reflejados sobre el asfalto que llega hasta la arena. En un recodo del paseo, apartado de las miradas, como si lo que estuviese sucediendo fuera tan horrendo que necesitara ser ocultado. Dos, separados, rendidos y vencidos por una lluvia externa, ajena e incomprensible. Eso es lo que somos. Misteriosamente dos. Siluetas sin ojos, sin boca, sin palabras. Sin brazos que se toquen, que crucen el rayo de sol que nos separa. Que unan el espacio y nos conviertan en una masa gris, desdibujada sí, pero única.

Nos vemos, te veo, a través de tu sombra. Y es sombra también el viejo de nuestro lado. Él es una sombra inmóvil, rígida, que sujeta una lata de cerveza a las once de la mañana con el brazo derecho arqueado. Una sombra que musita una canción sin casi mover los labios. Una sombra con unos labios dispuestos a beber, a hacer un único movimiento. Una sombra que no nos mira porque sabe que dos sombras separadas no son interesantes. Porque intuye, quizá, que si estamos a su lado es porque queremos esconder lo que hacemos, esconderlo de nosotros mismos, claro.

Y luego está el ciclista joven de la arena, justo a nuestra espalda, un poco a la izquierda. En nuestro ángulo muerto. Él no es una sombra. El es todo sol. Es, entonces, una sombra incómoda con su condición de sombra. Es un indignado del gris y por eso se ha desnudado, sin que tú lo vieras, y ahora se tumba en la arena en ropa interior para captar el sol, para cargarse de luz. Para que le miren a él y no a su sombra. Y no nos presta atención porque odia lo que estamos haciendo. Odia que nos veamos a través de nuestras sombras, que nos ocultemos. Que evitemos cruzar nuestras miradas, juntar nuestras manos y decidamos, sin saberlo, mirarnos proyectados en el asfalto. Grises, planos, informes e indeterminados. Dos que han perdido su entidad, dos que eran uno y que no lo volverán a ser.

 

Dos.

Sombras.

Nada más.

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